Por Bárbara Botello Santibáñez

Una de las cosas que duele a los detractores de mi administración es que, a pesar de los contratiempos, el distribuidor vial Benito Juárez está funcionando. Esta obra costó más de 500 millones de pesos y erigirlo llevó alrededor de tres años. Los fondos y la construcción corrieron por cuenta del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, pero puedo decir orgullosamente que ésta fue una de las gestiones que se hicieron cuando fui presidenta.

Durante la administración que encabecé (2012-2015) recurrí constantemente al apoyo del gobierno Federal porque el gobernador Miguel Márquez tenía castigado al municipio. El PAN no pudo soportar que les arrebatáramos la joya de la corona, por eso trataron de boicotear el gobierno de la primera mujer en la historia de la ciudad.

Y aunque los detractores apretaron -y lo siguen haciendo, tanto es su dolor- logramos conseguir de la federación importantes fondos para las grandes obras de infraestructura que esta ciudad merece. A final de cuentas, los leoneses no tienen la culpa del que el PAN gobierne con las vísceras. El distribuidor Benito Juárez es una de las obras que se construyeron con los 4 mil millones de pesos que logramos gestionar en las diversas dependencias federales y del Congreso de la Unión. No todo está en Paseo de la Presa.

Desde luego que quienes construyeron el distribuidor deben dejarlo en óptimas condiciones cuando la obra se entregue a los leoneses: sin desperfectos, sin vicios, sin ninguna falla; es obligación de Héctor López Santillana supervisar que esté impecable cuando la reciban, y, aunque le duela en el orgullo azul, tendrá que darle mantenimiento para que dure lo más posible.

El distribuidor Benito Juárez da testimonio de que las críticas y señalamientos se los lleva el viento, mientras las obras permanecen.

Los más de 33 mil automovilistas que diariamente transitan por la zona también pueden dar testimonio de cómo el Benito Juárez marca la diferencia en cuanto a los tiempos de traslado; pueden comparar sus trayectos con lo que sufrieron durante dos décadas: una vialidad saturada y peligrosa.

Las horas que antes perdían en sus vehículos ahora las disfrutan con sus familias, por eso es por lo que esta obra valió la pena.

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