Por Bárbara Botello Santibáñez 

Septiembre se ha convertido en un mes de contrastes: por un lado, festejamos la independencia de nuestro país, pero también conmemoramos grandes catástrofes que nos han puesto a prueba como mexicanos, me refiero a los terremotos de 1985 y 2017 que juntos trajeron muerte, grandes pérdidas económicas, pero también esperanza.

Los mexicanos hemos demostrado ser muy resilientes; es decir, tenemos una gran capacidad para sobreponernos a las adversidades. Ya sean problemas familiares, económicos, rupturas dolorosas, e incluso tragedias, hemos aprendido a sobrellevar estas situaciones y aprender de ellas. Cada vez somos más fuertes.

Para nosotros, las crisis no son obstáculos insuperables: vemos más allá del presente, sabedores de que a futuro las cosas mejoraran. El pasado es una de las mayores fuentes de aprendizaje. Y lo mejor: trasladamos esta capacidad del plano personal al colectivo: México tiene ciudades resilientes, y cada vez se más multiplicando más.

Una ciudad resiliente, según la ONU-Hábitat, “es aquella que evalúa, planea y actúa para preparar y responder a todo tipo de obstáculos, ya sean repentinos o lentos de origen, esperados o inesperados. De esta forma, las ciudades están mejor preparadas para proteger y mejorar la vida de sus habitantes, para asegurar avances en el desarrollo, para fomentar un entorno en el cual se pueda invertir, y promover el cambio positivo”.

Según la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), 87.7 millones de habitantes en el país residen en zonas de riesgo, de las cuales 70% habitan en zonas urbanas, 9.5% en zonas semiurbanas y el resto (20.5%) en zonas rurales.

En agosto del año pasado, la Sedatu perfiles de resiliencia urbana a los municipios de Allende, Nuevo León; Ciudad Juárez, Chihuahua; Durango, Durango; La Paz, Baja California Sur; Manzanillo, Colima; Mazatlán, Sinaloa; y Tijuana, Baja California.

Esto se logró en un trabajo coordinado entre la Sedatu y la Secretaría de Gobernación, en colaboración con ONU-Hábitat, quienes ayudaron para que los gobiernos municipales que integran la Red elaboren un perfil de riesgo de cada ciudad.

Obtener este perfil no es asunto menor: garantiza la seguridad de las poblaciones.

¡Nos leemos la próxima semana!

 

 

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