Opinión

Caravana de personas hondureñas: exilio

Por: Andrea Covarrubias Pasquel, estudiante de Sociología de la Universidad de Guanajuato.

Desde hace décadas el país centroamericano ha vivido un clima de violencia y desigualdades sociales preocupante:  San Pedro Sula, mejor conocida como la capital industrial de Honduras, se encontró por cuarto año consecutivo como la ciudad más violenta del mundo, según el último listado de “Las 50 ciudades más violentas del mundo” (2014).

Datos publicados por organizaciones como Amnistía Internacional, Global Witness, Reporteros sin Fronteras, el Índice de Democracia de The Economist, World Justice Proyect, Transparencia Internacional, la Relatoría de Naciones Unidas sobre la Situación de Defensores de Derechos Humanos, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, anuncian que en Honduras hay violencia generalizada por parte de las autoridades, represión del gobierno ante la libre expresión, asesinato de defensores y defensoras de derechos humanos, ausencia de libertad de prensa, irregularidad en las elecciones, y, se encuentra cada vez más con la tendencia a un régimen autoritario y violento. Algunos afirman que existe un Estado fallido.

Así, la Comisión Interamericana de Derecho Humanos, asegura que dentro de los factores de expulsión de migrantes se encuentran los altos índices de desigualdad, pobreza, violencia, falta de oportunidades y el alto impacto que han tenido los desastres naturales (2015).

Nos queda claro, que, como dice Carlos Sandoval, más que migrar, huyen. Huyen de un país que desde hace años no los deja vivir dignamente, huyen de un país que se mantiene por las remesas que mandan quienes ya pudieron llegar a Estados Unidos. Huyen de un país dirigido por un presidente ilegítimo.

Y ahora, tienen que enfrentarse con otro Estado represor y violento, que, aunque históricamente fue reconocido por la recepción de refugiados, hoy, trata de detener a quienes necesitan transitar por el territorio. Son aproximadamente 5 mil hondureños y hondureñas, hay niños, niñas, adolescentes, mujeres embarazadas, hombres, personas de la tercera edad, personas con discapacidades, viajando a pie y cruzando líneas fronterizas que han sido militarizadas con apoyos internacionales desde por lo menos el 2014. Hoy, nuestro gobierno, aterrado por un tweet de Donald Trump, duda si va a dejar transitar libremente a estas personas.

No se debe olvidar que este es un problema histórico, que los desplazamientos forzados son una de las consecuencias de modelos impuestos para un supuesto “desarrollo”, y que, mientras en el otro lado del mundo millones de refugiados arriesgan sus vidas para llegar a Europa, también en nuestro país las personas centroamericanas tienen que enfrenarse a un camino incierto, violento e inseguro para salvar sus vidas.

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