Juan Miguel Alcántara SoriaOpinión

De religión, magia y poder

Tiempos en que desde el poder se desprecia ciencia, y se confunde religión con fetichismo y magia, son pertinentes para reflexionar sobre ideas de la persona humana y la divina, sin entrar en misterios necesariamente

Por Juan Miguel Alcántara Soria

Tiempos en que desde el poder se desprecia ciencia, y se confunde religión con fetichismo y magia, son pertinentes para reflexionar sobre ideas de la persona humana y la divina, sin entrar en misterios necesariamente.

Ciencia y religión son posibilidades que solo seres racionales podemos actualizar; ambas en su respectivo ámbito de competencia. Por los sentidos -internos y externos- del cuerpo conocemos o captamos la realidad material, concreta; con ellos experimentamos y hacemos ciencias empiriológicas (biología, física, química, etc.).

Por los instintos tendemos o apetecemos objetos materiales y obtenemos placer, dolor, emoción. En cambio, por la inteligencia -facultad espiritual-, conocemos o captamos la realidad espiritual o abstracta; incluso conocemos nuestro propio acto de conocer y descubrimos verdades o errores. Y con la otra potencia espiritual, la voluntad, queremos o tendemos hacia objetos inmateriales o espirituales: fines o bienes honestos, útiles o deleitables, fundamentalmente.

Por el espíritu conocemos números, hacemos álgebra, lógica matemática y otras abstracciones que reflexión y filosofía facilitan.

Por la razón nos planteamos distintos niveles de problemas: (i) Ut sic: solucionado se acaba el problema, asunto técnico; (ii) enigma: cuando la solución me plantea otro problema más grave, asunto filosófico; (iii) misterio: es un problema que se de antemano no tiene solución por la razón, y declino mi saber para creer; asunto religioso.

Así llegamos a problemas límite: en la frontera entre ciencia o filosofía, y religión; ambos caminos facilitan llegar a Dios, o si se prefiere, a lo infinito, eterno, absoluto, con diferente alcance.

Religión, atendiendo a su etimología, “re-legere” (antes que “re-ligare”), significa un constante “re-volver-se”, “un concienzudo considerar algo”. ¿Cuál es ese ser que merece ese esmero? El origen Primero y fin Último, lo que posee mayor trascendencia que todo lo demás.

Al intuir vivencialmente que si hubiese un momento de “nada universal” hoy no existiría nada, que si existe algo hoy es porque siempre ha existido algo -Lo Absoluto o Infinito-, confirmamos que únicamente el ser racional tiene religión, “en tanto que como espíritu hace efectiva, libre y consciente su relación a Dios, es decir, le conoce y acepta como su origen y fin”; lo que encontramos en todos los pueblos y épocas, -diferente a animismo, totemismo o magia-.

En la religión el ser humano “se vuelve” concienzudamente a Dios con sus potencias espirituales superiores: conocer y querer. La religión (como la fe entre humanos también), más que un saber intelectual, es obra de la voluntad.

Somos un todo -cuerpos espiritualizados o espíritus encarnados-, por lo que la religión proyecta sus exigencias a cuerpo y espíritu. Entre innumerables clasificaciones de religiones aquí es útil la que diferencia: a) las que parten de una búsqueda del ser humano hacia lo Absoluto -mayoría de religiones naturales-, de b) las que reconocen una búsqueda descendente, del Creador a sus creaturas: las religiones positivas o reveladas: judía, cristiana y musulmana, monoteístas.

Estas ven a Dios, además de Infinito, como persona Creadora, y a la persona humana, su creatura, a su imagen y semejanza, por pensar y amar también.

El filósofo mira a Dios como explicación racional del mundo. El hombre religioso dice más de Dios por su fe. Esta enseña a los cristianos que El Espíritu se hizo carne, padeció, murió y resucitó. La filosofía no da para tanto. Desconfiemos de quien gobierna con fetiches y magia, sin ciencia, porque nos ve como esclavos: sin inteligencia ni voluntad -implicaciones de persona divina y humana, de la libertad-. Feliz Pascua cristiana.

*R

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