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Activa pandemia fraudes bancarios

Desde que empezó la cuarentena el uso de tarjetas bancarias ha aumentado, hecho que ha sido aprovechado por los extorsionadores quien se hacen pasar por empleados del banco para lograr sus fechorías

A mediados del mes de abril del presente año, luego de que se declaró la pandemia por coronavirus, Olivia Ramírez comenzó a pagar la mayoría de sus compras con tarjeta de crédito.

Ya fuera para evitar el contacto del dinero porque temía que las monedas o el papel fueran portadores del virus o porque fue más frecuente el uso de la tarjeta para pagar los pedidos en línea.

De hecho, la Asociación Mexicana de Ventas Online (AMVO) ha confirmado el incremento del comercio electrónico en el país. Por citar un ejemplo, el comercio electrónico de la empresa Best Buy representó a nivel nacional el 53 % de los ingresos nacionales. Pero lo que le sucedió a Olivia no fue de esa historia de éxito.

Hablan supuestamente del banco para ‘sacar’ la información

“Después del Día de las Madres recibí una llamada. Mi teléfono la identificó como llamada o número que estaba relacionada con algún tipo de fraude pero de momento no le tomé importancia. Una señorita me dijo que llamaba del banco Santander, que tenían detectado que intenté comprar algunas cosas con un monto total de 30 mil pesos, hecho que de no ser así, estaría en proceso una supuesta clonación de mi tarjeta”.

“Lo primero que pensé no fue en la llamada, sino que en realidad habían intentado clonar mi tarjeta, ella actuaba con mucha naturalidad y yo comencé a ponerme muy nerviosa”.

Contó que la supuesta trabajadora de la institución bancaria dijo el nombre completo de Olivia y la dirección exacta de su domicilio en la colonia Obregón. Confesó que entre los nervios y la llamada le pareció todo muy natural.

“Me dijeron que si tenía mi tarjeta a la mano. Que ella no podía ver cuánto tenía en mi tarjeta pero que si podía verificar los dígitos. Yo todavía le dije que no estaba segura de decirlos porque había escuchado que ese tipo de información no se puede proporcionar”.

“La señorita insistió, dijo que entonces ella no podría hacer nada y que entonces yo tendría que hacer el supuesto pago”.

Lo que hizo Olivia fue colgar de manera instintiva. Contuvo el aliento por un par de minutos. Dijo que sus piernas estaban temblando y estaba a punto de llorar cuando decidió llamar a la institución bancaria. Ahí le reafirmaron que ellos no hacen este tipo de llamadas ni tampoco solicitan información confidencial.

Le hablaron de Santander alertándola de una supuesta clonación

Pero la señora Gloria ‘N’ no tuvo la misma suerte. Contó que tiene dos tarjetas que usa de manera frecuente. Su marido tiene una lesión en la espalda que le impide caminar o estar de pie por mucho tiempo de modo que casi todo lo hace a través de compras en línea, ya sea en las páginas oficiales de tiendas de autoservicio para comprar el mandado, o las mismas farmacias para el medicamento que usa su esposo.

Una mañana recibió una llamada de un hombre que se identificó como empleado de seguridad del banco Santander notificando que su tarjeta había sido clonada y que incluso habían falsificado una firma sin que le especificaran de quién.

“A mí todo eso se me hizo muy extraño, yo tengo más de 50 años y usaba muy poco las tarjetas, me empecé a animar con esto de la pandemia para no salir de casa y porque mi marido pasa la mayor parte del tiempo recostado”.

“Ahora reconozco que fui muy ingenua ya que hice todo lo que él me dijo que hiciera, darles datos personales, todo, qué iba yo a saber”.

Pasaron cerca de 10 ó 15 minutos en la llamada, finalmente la persona comentó que ya no había problemas pero que no usara la tarjeta al menos en la siguiente hora.

“Como a los 30 minutos llegó mi hija la más grande a ver a su papá, no entró por las recomendaciones y porque queremos mantener la sana distancia. En la entrada me preguntó que cómo seguía, le dije que bien, luego le comenté lo que había pasado. Ella hasta se quitó el cubrebocas y me dijo ‘mamá, te acaban de estafar’”.

Llamó al banco, revisó sus cuentas y ya habían hecho cargos a su tarjeta. Gloria no quiso especificar de cuánto habían dispuesto o realizado compras porque se encuentra realizando los trámites para su devolución.

Otra forma de defraudar

Hay diferentes maneras de hacer fraude. Francisco estuvo a punto de caer en uno pero una llamada lo salvó.

Este intento de fraude es una de las modalidades más actuales, aunque siguen utilizando como nexo la llamada telefónica de una supuesta área del banco que notifica que la tarjeta fue clonada, en este caso, por un cargo de 8 mil pesos.

Al no reconocer la compra lo canalizaron “a otra área” en donde le ayudarían a realizar modificaciones a las contraseñas para evitar más daño a su crédito.

Francisco notó algo extraño y envió un mensaje a una persona de su plena confianza. Ésta lo alertó notificando que probablemente estaba a punto de ser víctima de un fraude por las características que señalaba.

Solicitaron que grabara con su voz el NIP, contraseña de banca electrónica y que dijera “mi voz es llave en Santander”, él se negó al reiterar que son datos que no pueden proporcionar a nadie, incluido el personal bancario.

La persona del otro lado de la línea insistió en que lo comunicaría con un área más, pero que entonces los 8 mil pesos de cargos a la tarjeta se los iban a cobrar a él. Colgó de inmediato.

Estuvieron insistiendo dos o tres llamadas telefónicas más hasta que lo dejaron por la paz.

Otro caso de Santander

Hay personas que desde un principio detectan que se trata de un fraude, sobre todo por la manera en la que se va gestando.

Una de ellas contó que desde hace al menos 3 años que no utilizaba una tarjeta también del Banco Santander. Recientemente comenzó a recibir llamadas insistentes para decirle que reactivarían la aplicación de la tarjeta en otro número que era diferente al que estaban marcando.

Preguntaron datos personales como nombre, domicilio, última fecha de uso de la tarjeta, entre otros. Ante la insistencia optó por colgar y posteriormente bloquear el número.

Pero fueron aún más insistentes de diferentes números telefónicos intentando obtener información personal, en una ocasión solicitaron que ella misma diera de alta en el supuesto nuevo número el servicio de la tarjeta con el propósito de realizar compras de manera inmediata.

Las llamadas continúan, incluso enviaron un correo electrónico solicitando que active una tarjeta que dejó de utilizar. Ella, continúa bloqueando números.

Usaron la tarjeta de Brenda desde México y ella vive en Guanajuato

Otros casos terminan con la devolución del dinero pero hay que realizar trámites y esperar más de un mes para demostrar inocencia ante el delito cometido.

A mediados de mayo de este año utilizaron la tarjeta de Brenda para hacer la compra de un aparato de la empresa IBM a las 4 de la mañana y desde la ciudad de México, cuando ella vive en el estado de Guanajuato.

Ella verificó al medio día su banca en línea, notó el movimiento y de primera instancia pensó que su hijo quizá había realizado una compra, aunque siempre le avisaba cuando esto pasaba. Le preguntó para ver si él había hecho un cargo a la tarjeta pero recibió una negativa como respuesta.

“De inmediato hablé al banco que es Santander, y me dijeron lo que yo ya sabía del movimiento y por el monto de casi 3 mil pesos. Cancelé la tarjeta por el temor a que continuaran haciendo cargos. Pedí que me explicaran porqué habían autorizado el cargo si yo no lo había realizado y su respuesta fue que quizá se trataba de una clonación de tarjeta”.

“Pero eso se hizo desde la ciudad de México cuando yo no ha salido Guanajuato desde que empezó la pandemia, luego me dijeron que tenían que pasar 45 días para realizar las investigaciones para constatar que fue un fraude y no una compra. Finalmente el banco regresó el dinero pero comentando con conocidos me dijeron casos muy similares de fraude”, finalizó Brenda.

MEJZ*

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