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Salón Rojo, un ‘tesoro’ tradicional en el corazón del Barrio del Coecillo

Salón Rojo, un ‘tesoro’ tradicional en el corazón del Barrio del Coecillo

León, Guanajuato - En la intersección de Héroes de la Independencia y Monterrey, se encuentra el icónico Bar Salón Rojo, un lugar con una rica historia en el Barrio del Coecillo. La fachada blanca esconde un negocio familiar dirigido con esmero por la familia Arrona.

A diario, Aurelio Arrona Silva ocupa su mesa favorita, administrando el bar desde 1979. Tras trabajar en numerosas cantinas, decidió emprender su propio camino.

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Aunque no es originario del barrio del Coecillo, llegó joven tras casarse, y pronto se integró en el vibrante mundo de las cantinas locales. Aurelio rememora con cariño sus días en lugares como La Coqueta y Tenampa.

A sus 88 años, Aurelio no se pierde un día en el bar, vigilando cada detalle mientras sus hijos se encargan de la barra y el servicio. La clave de su éxito radica en la lealtad de sus clientes.

Fue pionero en traer el Tequila 7 Leguas a León, viajando hasta a Atotonilco para obtenerlo. La pandemia lo obligó a cerrar temporalmente, pero su pasión por el negocio nunca flaqueó.

El ambiente familiar y la deliciosa botana son las estrellas aquí. El menú, cuidadosamente seleccionado por Aurelio, ofrece manjares como chamorro y sopa azteca, con un platillo diferente cada día.

A diferencia de otros bares, la botana está incluida con una bebida. Además, cualquier solicitud especial se atiende al instante.

La barra del Salón Rojo es otra de sus joyas entre las que están Felipao, Sangre de pichón y Moriréis.

¡Y tienen al mejor cantinero de la ciudad!

La barra del Salón Rojo es otra de sus joyas. Joaquín Arrona Vargas, hijo de Aurelio, es reconocido como el mejor cantinero de la ciudad.

Desde 1983, Joaquín ha perfeccionado su arte, comenzando como lavaplatos y aprendiendo rápidamente el oficio. Entre sus creaciones, destaca el 'Felipao', en honor a su primer cliente.

Otras invenciones incluyen la 'Sangre de pichón' y el 'Moriréis', bebidas que han ganado popularidad. Joaquín disfruta de preparar bebidas y aliviar a sus clientes 'resacosos'.

Los mojitos, la especialidad de la casa, se preparan artesanalmente, sin licuadora. La clientela fiel es el alma del Salón Rojo.

La mayoría de los comensales son habituales y se conocen bien, pues en el Salón Rojo se comparten historias, brindis, éxitos y fracasos.

Aurelio se consuela sabiendo que la tradición continuará en manos de sus hijos y nietos cuando él ya no esté.

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