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Kinky hace vibrar a León con un concierto que encendió los ánimos poco a poco

Pese a que los boletos para ver a Kinky se agotaron en línea en menos de dos horas, el espacio frente al escenario mostraba poca asistencia
Kinky hace vibrar a León con un concierto que encendió los ánimos poco a poco

León, Guanajuato - Los boletos se agotaron en línea en menos de dos horas y desde temprano el dato elevó las expectativas. Sin embargo, conforme avanzaba la tarde y se acercaba la hora del concierto, el espacio frente al escenario mostraba poca asistencia.

Minutos antes del arranque, el foro lucía incompleto y la pregunta flotaba en el ambiente: ¿sí llegará gente?

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A las 9:15 de la noche, Kinky apareció en el escenario. Bastaron los primeros segundos de “Paso del Gigante” para cambiar el ritmo del lugar. En menos de un minuto, el sonido marcó el rumbo del concierto y dejó claro que sobre el escenario había una banda que conoce su ruta y a su público.

Gil Cerezo salió con una chamarra café, se movió de lado a lado y tomó el centro del escenario. Ulises Lozano, Carlos Cháirez, Omar Góngora y César Pliego se sumaron. El sonido nacido en Monterrey tomó forma frente a un público que comenzó a acercarse conforme avanzaban las canciones.

Llegaron poco a poco, pero llegaron

Con temas como “Hasta quemarnos”, “Instintos animales” y “Sonidos de la casa”, más personas ingresaron al foro. Algunos se saludaban como si se reencontraran después de años; otros buscaban un lugar desde donde mirar sin prisa.

No fue la imagen de un recinto lleno desde el inicio, sino la de un espacio que se fue ocupando conforme la música avanzaba.

Muchos asistentes no eran nuevos. Varios recordaban haber visto a Kinky en León durante los años 2010 y 2012, cuando la banda participaba en festivales organizados por estaciones de radio.

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El ambiente se volvió cercano. No importó la cantidad de personas. La dinámica fue similar a la de una tocada en un bar, sin distancia marcada. Gil cambió la chamarra por una tejana y el movimiento continuó.

El foro pasó de estar disperso a formar bloques de personas siguiendo el ritmo.

El repertorio siguió con “Soun Tha Mi Primer Amor”, “Una línea de luz” y “Ejercicio #16”, transitando del rock a la electrónica y luego a referencias norteñas, sin romper la energía del concierto.

Llegó el momento de los covers con “1×100to”, “Fuentes de Ortiz” y “Coqueta”. No hubo diferencia en la respuesta: las canciones se cantaron completas; algunos levantaron el celular, otros simplemente siguieron el ritmo.

La relación con el público se mantuvo sin barreras. El concierto avanzó como si se tratara de una tocada entre conocidos.

El cierre llegó con “A dónde van los muertos”. Nadie se movió. Todos esperaban ese momento.

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Kinky tocó aunque el foro no se llenó. La música llegó primero; la gente, después.

MEJZ*