León, una ciudad que cambia y deja de ser la misma al más mínimo descuido, tiene tradiciones que se arraigan en la gente y mantienen la magia de antaño, así son las posadas.
El frío de diciembre anuncia la llegada del ambiente navideño para que unas de las poblaciones más católicas del país, desde los barrios más populares hasta las nuevas colonias de la periferia, renueve su fe y mantenga vivos cánticos que han pasado de generación en generación como “Los pastores a Belén, corren presurosos”; “Jesús, José y María yo te ofrezco por posada, el corazón y el alma mía”, dicen algunas de las letras que enmarcan las posadas.
La indiferencia cotidiana que caracteriza a la actualidad, se difumina con la unión que requiere la organización de las posadas; aunque todo el año las palabras sean escasas y contadas, la planificación de este evento requiere que los vecinos unan fuerzas y presupuesto, el promedio es de 1 mil 200 pesos en insumos para una posada de 70 personas.
La ciudad tiene más de 2 mil colonias y ninguna se queda sin esta tradición. Velitas, lucecitas, serpentinas y confeti le ponen alegría las posadas. La piñata es opcional pero lo que no debe faltar son las bolsitas de dulces variados acompañados por cacahuetes, colación y las malqueridas galletas de animalito... Pero antes hay que llegar temprano para rezar los santos misterios.
Cantos, rezos y fe
En todas las posadas suele haber una voz que lidera a los creyentes, es una voz cantante que no estudia para memorizar la letanía, pero la experiencia de años le da la batuta para dirigir las posadas. Nadie canta la letanía como ella, rosario en mano y mucha fe, entona el latín como si fuera su lengua natal.
La concurrencia conformada principalmente por niños y señoras, se dan cita puntualmente a las 8 de la noche. Llegar temprano no es el único requisito, todos los presentes saben que entre más fuerte suenen los Ave María y los Padre Nuestro, los aguinaldos están asegurados.
La fe se impone al frío que se deja sentir y que obliga a los asistentes a vestir de chamarra, gorro y guantes. Y una vez que se inicia la caminata para representar la búsqueda de posada por parte de José y María, los niños hacen de todo para proteger con sus manos la luz de su vela, la cual se mantiene viva, así como mantienen viva esta tradición decembrina.
*R

Los leoneses mantienen viva la tradición de las posadas 


*R