Hay jóvenes que encuentran su camino después de muchos años. Gerardo Gutiérrez comenzó a construir el suyo antes de cumplir los 20.
Hoy estudia Ciencias Políticas y Administración Pública, coordina grupos juveniles, impulsa proyectos sociales y habla de paz, dignidad y prevención de adicciones con una claridad que sorprende por su edad.
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Gerardo Gutiérrez estudia Ciencias Políticas y Administración Pública, coordina grupos juveniles, impulsa proyectos sociales y habla de paz y prevención de adicciones.
Pero detrás de todo eso existe una historia personal que comenzó desde un lugar muy distinto.
Durante su adolescencia atravesó momentos difíciles que lo llevaron a sentirse emocionalmente derrotado.
En ese proceso encontró en Juventudes GTO —del Gobierno de Guanajuato— un foro de expresión que primero le ayudó para ganar confianza en sí mismo; después, le dio las herramientas para que él ayudara a otros jóvenes que pasaban por una situación similar.
Ese cambio no ocurrió de un día para otro.
Fue resultado de años de trabajo comunitario, formación y acompañamiento constante. A los 16 años ya impulsaba iniciativas enfocadas en cultura de paz que alcanzaron a miles de jóvenes.



De la timidez al liderazgo social
“Yo era un joven que no socializaba mucho, que no hablaba en público ni para decir buenos días. Hoy doy conferencias y acompaño proyectos sociales”, contó con naturalidad.
Se integró a varios programas de Juventudes GTO: Multiplicadores de la Paz, Redes de Liderazgo y, posteriormente, Red Juventudes.
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Así nació “Proyecto Dignidad”, una iniciativa desarrollada junto con jóvenes de Red Juventudes León, enfocada en acompañar procesos de reinserción social dentro de un centro de rehabilitación.
Reconstruir la confianza en contextos difíciles
Durante varias semanas, Gerardo y su equipo acudieron cuatro días por semana para trabajar con jóvenes en situación vulnerable.
Más que impartir talleres, buscaron reconstruir confianza. Hablaron sobre autoestima, derechos laborales, elaboración de currículum, emprendimiento y habilidades emocionales. Pero, sobre todo, escucharon historias.
Historias de jóvenes que perdieron a sus familias, que cayeron en adicciones desde temprana edad o que intentaban recuperar su vida después de atravesar momentos extremos.
Entendimos que muchas veces las personas no necesitan solamente una oportunidad laboral; necesitan que alguien vuelva a creer en ellas”, explicó.
El impacto del acompañamiento humano
El proyecto atendió a cerca de 80 jóvenes y cerró con un encuentro donde participaron más de 200 personas.
Para Gerardo, el mayor aprendizaje fue descubrir que la resiliencia puede surgir incluso en los contextos más difíciles.
También reconoció que el acompañamiento de Juventudes GTO fue fundamental para lograrlo.
“Nunca nos sentimos solos”, recordó. Más allá de los materiales o capacitaciones, destacó la cercanía humana de especialistas y facilitadores que dieron seguimiento permanente a las actividades, respaldaron ideas y acompañaron al grupo en cada etapa del proyecto.
Que Regina Trujillo, siendo la directora de Juventudes, llegue a los talleres y pregunte cómo estamos, que se involucre y que nos motive a seguir, dice mucho para nosotros porque son ese tipo de momentos los que nos motivan a seguir”, añadió.
Precisamente, la directora general de Juventudes GTO señaló que el acompañamiento va más allá de entregar un apoyo o lanzar una convocatoria.
Explicó que detrás de cada apoyo hay historias, sueños y metas personales de jóvenes que buscan crecer, aprender y abrirse camino.
“Para Juventudes GTO es fundamental acompañar a las y los jóvenes porque son quienes impulsan la economía, la cultura y la vida de nuestros municipios”, dijo.
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Actualmente, Gerardo continúa como facilitador de Red Juventudes en León y mantiene una meta clara: llevar este tipo de proyectos a más espacios para fortalecer la prevención de adicciones, la reconstrucción del tejido social y la cultura de paz entre las juventudes.
Y mientras muchos todavía buscan qué hacer con su vida a esa edad, Gerardo ya entendió que ayudar a otros también puede convertirse en una forma de transformarse a uno mismo.
“No quiero perder el piso. Quiero seguir trabajando por la paz y por las juventudes”, afirmó.