El confinamiento durante esta época de cuarentena decretada por las autoridades para evitar un contagio masivo de coronavirus es duro para la mayoría de las personas, pero lo es todavía más en caso de existir algún tipo de diversidad funcional o discapacidad.
Este es el caso, por ejemplo, de las personas con autismo, que, aunque el espectro es muy amplio y unas personas reaccionarán de un modo más intenso que otras al encierro, es habitual que presenten conductas disruptivas.
Este día se celebra el Día Internacional del Autismo que resume como una afectación de origen neurobiológico que afecta la configuración del sistema nervioso y el funcionamiento cerebral, originando las deficiencias persistentes en la comunicación y en la interacción social, y los patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades.
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud uno de cada 160 niños tiene un trastorno del espectro autista (TEA).
En México no existen datos actuales sobre la incidencia del autismo; se estima que alrededor de 6 mil 200 personas nacen al año con autismo.
José Alberto Monseco, psicólogo especialista en análisis de conducta y Director Académico de Abascool -centro de formación superior especializado en el tratamiento del autismo- y Blanca Sáenz, socia fundadora, nos dan algunas pautas para que el confinamiento en caso de las personas con autismo y sus familiares sea más llevadero.
¿Qué supone para una persona con autismo no poder salir de casa?
Las personas afectadas por TEA (trastornos del espectro autista) suelen ser personas que reaccionan mal a los cambios inesperados de rutina debido a su inflexibilidad cognitiva.
A estos cambios repentinos de rutina hay sumar la falta de comprensión que existen en muchos casos, lo que puede provocarles un aumento de la ansiedad y derivar en conductas disruptivas, esta falta de comprensión y ruptura de sus rutinas va a afectar al estado de ánimo de muchos de ellos. Esto, sumado a la falta de habilidades para expresar sus sentimientos y necesidades, pueden llevar a los desórdenes conductuales, que van desde alteraciones en el sueño o la alimentación, hasta problemas de conducta severos, en algunos casos, por no entender lo que sucede ni poder expresar cómo se sienten, asegura José Alberto Monseco.
“Si a todos nos está afectado al estado de ánimo y muchos estamos aumentando la ingesta de comida, estamos alterando nuestros ritmos de sueño y nos cuesta mantenernos contentos durante toda la jornada, ¿cuánto más no se verán afectadas las personas que no comprendan ni puedan expresarse?”, añade.
“No se puede esperar de ellos la misma comprensión y colaboración”.
Esta situación no solo afecta a las personas con autismo, también a sus familias a las que el confinamiento puede agravar una situación ya de por sí complicada, “la escolarización de estos niños supone un recurso muy importante para las familias afectadas, que ahora deben sustituir esa atención escolar, restringiendo su actividad laboral y su disponibilidad para sus restantes obligaciones. Podemos pensar que esto afecta a todos los padres por igual, pero no es así. No requieren la misma atención los niños neurotípicos que los niños dependientes, y no se puede esperar de ellos la misma comprensión y colaboración”, reivindica Blanca Sáenz, que además de Fundadora de Abascool es madre de un niño con autismo en edad escolar.
¿Cómo afrontar las crisis durante el confinamiento?
Una de las consecuencias de estar encerrados en casa para las personas con autismo es que las crisis, que suelen suceder cuando se desbordan emocionalmente, se intensifican y se vuelven más frecuentes.
Lo ideal, según apunta José Alberto Monseco, es prevenirlas observándolos y reforzando en los momentos en los que estén tranquilos, pero si a pesar de todo, ocurren “se debe procurar no reforzarlas, pues podemos dar lugar a que se establezcan conductas que antes de esta situación no estaban y que permanezcan una vez que termine el confinamiento. Si se ha provocado la conducta, lo ideal es esperar a que la situación se calme y entonces intentar enseñarles una conducta alternativa. Entendemos que no es fácil, así que también recomendamos a los padres ser indulgentes consigo mismos, relajar un poco las demandas e intentar favorecer un ambiente sereno y motivador”.
La importancia de la actividad física
La actividad física es importante para mantener la salud de todo el mundo, pero en caso de personas con autismo puede ser, además, una manera de controlar los problemas conductuales y la ansiedad.
Para que esto no ocurra, las personas con autismo pueden dar paseo si es necesario siguiendo las recomendaciones y respetando las normas del estado de alerta, como “ir acompañados, llevar la documentación, tarjeta de discapacidad, DNI y respetar las medidas de seguridad e higiénicas para evitar el contagio”.
Además, podemos acompañar los paseos, sobre todo en caso de personas diagnosticadas además con TDHA, de actividades físicas en casa “como baile, jugar con una pelota o pequeños circuitos que ayuden a la persona a equilibrar su necesidad de ejercicio físico. También es importante que puedan mantenerse activos realizando otras actividades, como participar en las tareas del hogar(adaptado a su edad y capacidades) y dejarles momentos en los que no se le exija nada, dando libertad para que ellos hagan lo que más les apetezca y dejando momentos para descansar y volver a la calma, como por ejemplo un buen baño relajante antes de ir a dormir”, aconseja Monseco.
“También recomendamos a los padres ser indulgentes consigo mismos, relajar un poco las demandas e intentar favorecer un ambiente sereno y motivador”.
MEJZ*
