León, Guanajuato - Con la presencia especial del padre Antonio Rizo, de algunos miembros de escuelas bíblicas, maestros y alumnos, así como algunos peregrinos que van rumbo a San Juan de los Lagos, el arzobispo Jaime Calderón Calderón, llevó a cabo este domingo la misa en la Catedral Basílica de Nuestra Madre Santísima de la Luz.
El arzobispo de la Arquidiócesis de León, Jaime Calderón, mencionó que el lema del jubileo de este año es "Espero en tu palabra", subrayando con fuerza el significado de vivir este jubileo en la esperanza.
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En un mundo que parece estar marcado por la desilusión, el fracaso, el dolor y el sufrimiento, destacó que, aunque en ocasiones la esperanza pueda parecer debilitada, es precisamente en ella donde se encuentra la fuerza para seguir adelante.
El hombre y la humanidad encontrarán esperanza si su ancla permanece firme en el mar. A pesar de las turbulencias que la vida pueda traer, nada ocurrirá si la persona está firmemente anclada a la esperanza en Jesucristo, nuestro Señor. Esta esperanza tiene dos aspectos: estar anclado en Cristo y confesarlo como el Salvador muerto y resucitado, además del constante peregrinar en la vida. En este contexto, cobra sentido el peregrinar que realizamos, y este año, particularmente, se celebrarán las peregrinaciones hacia la Catedral de León y hacia la montaña de Cristo Rey. Estas peregrinaciones, tanto físicas como espirituales, nos invitan a caminar con el corazón hacia Dios”.
Jaime Calderón Calderón / Arzobispo de la Diócesis de León
Necesario orientar la tristeza en una vida confiada en el Señor
El arzobispo Jaime Calderón señaló que, para lograr esto, es necesario transformar las situaciones de tristeza, infelicidad y problemas que a lo largo de la vida nos afectan, y orientarlas hacia una vida más confiada en el Señor.
Por ello, destacó la importancia de confiar y esperar en la palabra de Dios, tal como se nos enseña en el evangelio, para que podamos conocer la verdad de los acontecimientos.
Subrayó que, al igual que las escuelas presentes, debemos ser testigos de lo que sucedió, no eruditos que solo repiten de memoria sin comprender, para que esa verdad se haga vida en nosotros.
Señaló que, para lograr esto, es necesario transformar las situaciones de tristeza, infelicidad y problemas que a lo largo de la vida afectan a las personas, y orientarlas hacia una vida más confiada en el Señor.
En este sentido, destacó la importancia de confiar y esperar en la palabra de Dios, tal como se enseña en el evangelio, para poder conocer la verdad de los acontecimientos.
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Además, subrayó que, al igual que las escuelas presentes, las personas deben ser testigos de lo sucedido, no eruditos que solo repiten de memoria sin comprender la palabra de Dios, para que esa verdad se haga vida en ellos.
“Eso hay que pedirle al Señor para que nos libere de esas esclavitudes que nosotros mismos hemos engendrado y que no hace falta que otro me imponga”, mencionó.
El arzobispo enfatizó la necesidad de eliminar la ceguera del corazón, evitando que se endurezca ante las maravillas de Dios.
Importante ser empáticos con quienes padecen pobreza
Subrayó que es fundamental ver a los demás con los ojos de Dios, tanto en el plano físico como espiritual, para reconocer realidades como la pobreza, la violencia y la falta de solidaridad que se viven en muchos pueblos.
Dijo que solo a través de esta visión divina se podrá alcanzar la salvación y brindar libertad a los oprimidos que viven sumidos en la tristeza y la desesperanza.
“Nosotros mismos nos oprimimos, por toda esta ola de violencia que se vive, trae consigo miedo, desesperanza, y a eso viene el Señor Jesús a liberarnos, a proclamar un año de gracia del Señor para quitarnos los yugos que nos hacen infelices y nos impiden ver a las personas como Dios nos ve, y revalorar la palabra de Dios y su presencia en nuestras vidas, y en todos los hogares con la presencia constante de la Biblia, no guardada, sino leerla poco a poco para fortalecer los lazos de comprensión”, finalizó.
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MEJZ*