León, Guanajuato - Una
patrulla de Policía Municipal se detiene lentamente en la calle inclinada de la
colonia Vibar, desde la ventanilla el oficial observa y se comunica a través la radio; sigue observando.
- “Nada más con cuidado porque aquí está muy caliente y desde ayer nadie sabe nada”.
Es la recomendación del uniformado que hace su rondín en la zona donde la tarde anterior dos menores de edad, de entre 15 y 17 años, a las 18:16 horas, fueron asesinados, además de un tercero de 13 años llamado
Ricardo Bryan, que quedó gravemente herido, según el parte oficial.
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El ataque fue en el estacionamiento de una torre de departamentos en la esquina de las
calles Orense y Juan Alonso de Torres, apenas unas horas antes de otro ataque en la esquina de la calle Colmenar y el mismo bulevar y colonia. La zona está “caliente”, dijera el oficial.
Desde la noche del crimen, la
información es imprecisa, al menos hubo tres ubicaciones acerca de dónde fue la agresión: Juan Alonso de Torres y Colmenar, Juan Alonso de Torres y Covadonga o calle Covadonga esquina con Orense, según el reporte de la Secretaría de Seguridad (aunque estas dos últimas son calles paralelas).
Fueron tres hombres en una
moto negra con caja en la parte trasera quienes perpetraron el doble homicidio, según la versión oficial escrita en siete líneas.
Aparentemente, nadie sabe nada o nadie dice nada; ni siquiera los elementos de la estación 4 de Bomberos, a una cuadra de donde presuntamente ocurrieron los hechos, saben dar razón del incidente.
- “Fue en el otro turno, y los compañeros ya salieron, y como la bitácora se manda a la central, no sabría decirte”, explica uno de los vulcanos mientras aspira de un cigarro.
Luego de dos horas de recorrer las calles de la
colonia Vibar, un par de referencias escuetas y muchas evasivas, los únicos testigos del asesinato nocturno son un par de cintas preventivas con las que oficiales acordonaron el lugar del asesinato la noche previa y que quedaron, una enrollada sobre el cofre de un vehículo en aparentemente abandonado y otra atada a una tubería en la fachada de uno de los departamentos.
A escasa distancia y tiempo del homicidio sobre el bulevar Juan Alonso de Torres, una mujer de cejas muy arqueadas vende sus quesadillas en la esquina como todos los días, como si nada.
- “¿De qué la va a querer, bistec, chicharrón duro, carne de puerco, deshebrada…”, apenas es la mañana siguiente y todo ha vuelto a la normalidad.