Valentina, Luna, Azlan, Baruk, Patricio, Diego, Fernando y Álvaro estudian en colegios diferentes, pero todos, tuvieron un regreso a clase desde casa.
Los estudiantes se levantaron más temprano de lo habitual, ya que apenas el domingo 23 de agosto fue su último día de vacaciones, y a partir del lunes comenzaba el primero de 190 días para cumplir con el calendario oficial marcado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) y respaldado por la Secretaría de Educación de Guanajuato (SEG).
Los 8 alumnos forman parte de ese universo de un millón 293 mil 408 estudiantes en las estadísticas educativas para Guanajuato registrados por la SEP que tenían diferentes expectativas sobre el arranque de clases.
Frente a la computadora, algunos solo vistiendo la camisa del colegio y usando desde bermudas hasta pantuflas y pantalones cómodos, recibieron el primer día a las 8 de la mañana.
Había gusto por ver a algunos compañeros de aunque sea de modo virtual, pero sintieron cierta decepción por no pisar el suelo del colegio, medirse entre ellos para ver cuántos centímetros habían crecido durante vacaciones, entre muchas otras cosas.
Transcurrieron 164 días desde la última vez que todos ellos vieron a sus compañeros de clase por última ocasión. Aquél 13 de marzo se convirtió en un largo, extenso, aburrido y tedioso ‘puente’ que aún no termina.
Les habían comentado que primero deberían permanecer en casa por 40 días, era primavera y aún no sabían qué era lo que sucedía. Algunos de ellos salieron de casa, otros permanecieron resguardados, pero todos esperaban que la cuarentena terminara para el regreso a sus respectivas escuelas.
Con el paso de los días las autoridades educativas marcaron diferentes fechas para el posible retorno presencial a las escuelas pero fueron modificadas también en diferentes ocasiones: una en mayo y otra en junio.
Fueron en estos meses donde maestros, alumnos y padres de familia tuvieron que aprender a utilizar plataformas de estudio, formaron grupos de WhatsApp o transformaron sus redes sociales en un ‘arma’ lúdica.
Para este regreso a clase 20-21 de alguna manera todos sabían que otra vez el aula sería su propia casa, en donde han estado encerrados desde que comenzó la alerta sanitaria por el coronavirus.
Precisamente en el grupo de 5 B en el colegio Instituto de Educación Recreación y Ciencia, la maestra María del Carmen López González, conocida como ‘Mely’, abordó el tema del coronavirus, pero no enfocado a lo que significa la enfermedad ni sus síntomas, sino lo que provocó en cada uno de los estudiantes. Primero les puso la canción ‘Caminito de la escuela’.
“Les puse esta canción para que valoren el significado de asistir a la escuela, también les pido que dejen las cámaras (de las computadoras) encendidas porque si no los puedo ver es como si no estuvieran presentes. Estamos compartiendo el tiempo, pero a distancia y quiero que me digan qué es lo que les hace sentir eso, el no poder estar todos juntos, el no poder estar en clase por el coronavirus”, dijo la maestra.
Los niños comenzaron a señalar que sentían desde aburrimiento por no poder realizar lo que les gusta, como el salir a la calle, viajar a otro lugar o simplemente asistir a un parque, pero también sentían tristeza por no poder visitar a los abuelos, y coraje porque la mayoría prefería estar en el salón de clases con los compañeros, a realizar todo desde la sala de la casa o la habitación, los mismos sitios que fueron sus aulas de clases durante poco más de tres meses.
Yahaira García Santos, madre y maestra de escuela privada ‘Jerome Bruner’ en la colonia Arbide, dijo estar emocionada por el retorno a clases. Previo a ello se preparó junto con sus compañeros de colegio pero tenía aún incertidumbre de cómo sería el retorno a clases.
En el colegio trabajaron con otra plataforma, de modo que tuvo 15 días para aprender incluso lenguaje corporal y trabajo de me emociones frente a las cámaras.
De lado ‘maternal’, Yahaira está tranquila de que sus hijos también tomen sus propias decisiones y que sean capaces de usar las nuevas tecnologías sin problemas, tanto Diego que va en secundaria como el pequeño Baruck que con siete años pasó a segundo de primaria.
“Creo que este regreso a clases nos va a enseñar mucho como familia, a ellos por verlos crecer y a mí en demostrar lo aprendido, insisto, aún hay muchas dudas, incertidumbre en lo que viene, a nosotros nos dijeron que nos preparáramos para ya no regresar a la escuela en este ciclo que inicia, pero si nos organizamos no será tan difícil, ni para ellos ni para nosotros como padres de familia”.
Los niños deberán establecer un horario para cumplir con las clases, algunos entran y salen cada 40 minutos porque así es la plataforma que usaron para seguir con sus clases a distancia, aunque todos ellos desean que todo esto pase, que se termine, volver a correr a la hora del recreo y conversar con su mejor amigo porque la escuela, además de estudio, es el lugar donde se aprende de la vida y no entre un escritorio y una pantalla.
MEJZ*






