León, Guanajuato - Juan Pedro López, lleva 16 años dedicado a la creación de ataúdes en una pequeña fábrica familiar. Encontró en este oficio una forma de brindar consuelo y dignidad en uno de los momentos más delicados para cualquier familia: la despedida de un ser querido.
“Es un mueble que todo el mundo vamos a ocupar y que vamos a necesitar en dado caso. Por eso uno trata de esmerarse en la calidad, para que el producto vaya lo mejor posible”, dice López, quien comenzó en el taller después de que la sociedad de su padre con otro carpintero se disolviera.
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Tras años de pausa, su padre decidió retomar el negocio y con él vino Juan Pedro, quien se integró al taller cuando era aún joven, comenzando desde las labores más simples, como pulir y barrer. Hoy, él es el encargado de fabricar los ataúdes desde cero.
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“He tenido la mala fortuna de que muchos familiares míos ya se han ido en productos que hemos fabricado nosotros, pero al menos, cuando menos, una partecita de mí va acompañándolos en su última morada”, reflexiona.





En el taller de Juan Pedro fabrican de 20 a 80 ataúdes por mes. Fotos: Daniel Martínez Macías
Para él, cada ataúd lleva consigo una porción del cariño y el respeto que pone en su oficio, una manera de estar presente incluso en la despedida final.
Su labor no solo implica la manufactura de productos de madera, sino que cada ataúd representa un nicho en el que las familias depositan sus últimos recuerdos y esperanzas para que el difunto repose con tranquilidad y elegancia.
Con apenas ocho personas trabajando en diferentes áreas como carpintería, tapizado y barnizado, su producto alcanza una demanda importante al grado de fabricar de 20 a 80 ataúdes por mes. Sus principales compradores son funerarias locales y en algunos otros estados cercanos como Zacatecas y Aguascalientes.
Su modelo más vendido, el “Clásico”, es una pieza exclusiva para la Funeraria San Rafael en León, con la cual mantienen una relación comercial desde hace muchos años.
“Desgraciadamente o afortunadamente, todos vamos hacia donde mismo. Lo que uno trata de buscar es entregarles a las personas un último nicho en el que sus familiares puedan verlo de una manera agradable, de que vayan de una manera más a gusto, más tranquilos y en algo que se vea elegante”, comenta López, al hablar del propósito detrás de su trabajo.
Hacer ataúdes en León: una labor poco común
Los materiales principales para la fabricación de ataúdes son hojas de enchapado y MDF, que permiten construir ataúdes más económicos.
También trabajan con maderas finas como el cedro, especialmente en productos más personalizados, como urnas. Uno de los pedidos que más le impactaron fue la solicitud de encapsular una fotografía del difunto en su urna, algo que exigió un nivel especial de esmero y precisión.
“Ellos querían un retrato que pudiera mover para tenerlo en su altar y, al mismo tiempo, mantenerlo seguro en la urna. Fue un trabajo muy especial y significativo para la familia”, relata López, quien señala nueve colores sobrios de ataúdes, uno de ellos rosa.
El hacer ataúdes no es una labor común, y Juan Pedro lo sabe. “Siempre me dicen que es raro, que cómo no me da miedo. Pero yo siempre respondo lo mismo, que hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos”, dice entre risas.
El ambiente de trabajo en la fábrica, aunque a veces sombrío, está lleno de bromas entre los empleados, y es que pese a lo inusual del oficio, se trata de un trabajo necesario.





Para Juan Pedro, fabricar ataúdes no es solo un trabajo más, es un acto final de servicio y humanidad. Fotos: Daniel Martínez Macías
La fábrica, como muchas en el sector, enfrenta temporadas altas y bajas. Las ventas tienden a incrementarse desde octubre hasta febrero, siendo noviembre y diciembre los meses más activos.
Tras la Semana Santa, en cambio, el trabajo disminuye drásticamente. A pesar de estos altibajos, Juan Pedro y su equipo siguen comprometidos con ofrecer productos de calidad que reflejen respeto y consideración hacia quienes partirán.
Y es que al final, para él, fabricar ataúdes no es solo un trabajo más, es un acto final de servicio y humanidad.
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"A veces, es lo único que podemos ofrecer en el último momento. Al menos, quiero asegurarme de que lo hagamos bien", finalizó.
JRP