Familia leonesa habla de las horas de angustia que vivieron durante sus vacaciones y el inicio del ataque bélico en Israel
León, Guanajuato - Nabor Centeno, y su familia originaria de
León, fueron testigos del inicio del
ataque bélico del grupo
Hamás en Israel. Durante sus vacaciones por Israel, conocieron de cerca la
guerra, su olor, sus sonidos y el gran miedo que provoca.
Mientras desayunaban y se alistaban para conocer la
‘Vieja Jerusalén’, a las seis de mañana, comenzaron a sonar las alarmas que advertían de los primeros
misiles de guerra en territorio israelí, mismos que el barullo de los turistas en el restaurante no dejaron percibir. Nabor, su madre, hermana y cuñado, simplemente no las escucharon.
Ya en el camión que llevaría a su familia y al resto de los turistas al
Muro de los Lamentos, y al
Santo Sepulcro, su guía, un militar con experiencia en el tema, les informaría de lo ocurrido.
Todo parecía indicar que “era normal”: el sonar de las alarmas. Nadie quiso esperar en el hotel, confiaron que solo era una falsa alarma.
En un segundo momento del sábado 7 de octubre, a un día de concluir sus vacaciones por
Medio Oriente, nuevamente comenzaron a escucharse las
alarmas que advertían de misiles en el aire. Ahora sí, fue real y de terror, describió.
Las indicaciones eran, ‘todos pegados a la pared’, y las alarmas sonando. Observamos el cielo y se veían las líneas por donde pasaban los misiles, y se escuchaba el estruendo, creo por la bóveda de seguridad que tiene Israel, la antimisiles”, narra aún con voz nerviosa.
Su guía, José, un miembro de la
milicia israelita, les compartió su sorpresa ante la información difundida de un ataque de misiles directamente en
Tel Aviv.
En la historia reciente no había ocurrid algo sí, no alcanzaba a entender cómo había sido posible, lo que compartió con sus clientes, los turistas mexicanos y latinos, que conformaban el grupo.
“Él sí estaba preocupado, porque no era normal… empezó a estar más al pendiente de los comunicados del gobierno”, hasta que ocurrió la suspensión del paseo y con ello del viaje.
A su regreso al hotel, conocieron los contrastes del conflicto en la región, unos en el dolor de ver a sus conciudadanos desechos, y otros en la celebración. Fueron testigo, incluso, de las despedidas familiares.
En el camino pasamos por el Muro de los Lamentos y estaban los musulmanes de alguna manera festejando… de alguna manera estaban felices porque iban a recuperar el territorio que, por derecho, dijeron, les corresponde”.
Para Nabor y su familia, el contraste resulta incomprensible, la celebración, la muerte, las despedidas.
“
Una experiencia vivida, muy fuerte de alguna manera, esperando salir, porque ya no sabíamos qué iba a pasar con nosotros. Estábamos en un país en guerra”.
En el hotel comenzaron a escuchar toda clase de información, desde masacres, secuestros y caos.
Nabor junto con su familia fueron de los primeros turistas que salieron del aeropuerto Internacional de
Tel Aviv en
Israel al día siguiente, para regresar al país, con una escala en Canadá.
“Mi caso muy afortunado, salimos yo y mi familia, sin mayores complicaciones. Sí, estuvo tenso” recordó.
Y es que fue testigo de cómo a cientos de turistas les cancelaron sus vuelos, así como de la venta de los boletos de salida, que oscilaban en ese momento entre los 2 mil y 3 mil dólares, equivalente entre los 40 mil y más de 60 mil pesos con el tipo de cambio actual.
Otros más decidieron ir en taxi a Jordania, pagando por arriba de los 300 dólares el viaje. Además, de que los alimentos comenzaron a ser más caros.
Para Nabor, su madre, hermana y cuñado, sus vacaciones concluyeron convulsionadas, pero con vida y con la firme convicción de que una
guerra es la peor de las experiencias que un ser humano tener.
MEJZ*