El primero de abril por la noche la Policía Municipal de León comenzó a colocar vallas metálicas cercando la zona centro.
En ese momento la mayoría de los locales ya estaban cerrados en espera de que, tal vez al siguiente día, las cosas mejorarían.
La orden de cerrar el primer cuadro de la ciudad vino de la presidencia municipal. Ese día León llevaba un registro de 30 casos confirmados de Covid-19 en la ciudad.
La orden señalaba que sólo permanecerían abiertos los comercios que ofrecieran servicios de primera necesidad, el resto, debería acatar las medidas.
Ha pasado un mes desde aquella decisión. Los casos confirmados llegaron a 101 justo el 2 de mayo. Este día 5 de mayo la cifra alcanzó los 108. Hay 3 defunciones y 70 personas contagiadas de forma comunitaria.
Los locatarios de la zona centro argumentan pérdidas por más de 400 millones de pesos según la Asociación Centro Histórico Empresarial que agrupa a mil 800 locales.
Pero ya lo mencionó el alcalde de León, Héctor López Santillana: “Es mejor un encierro, que un entierro”.
Entre los locales o comercios que se encuentran cerrados incluyen hoteles como el Rex que dejó de trabajar luego de 50 años que lo hacía de manera consecutiva, lo mismo el Hotel León que usualmente tenía su mejor temporada en vacaciones de Semana Santa. Este año no fue así.
Abren sin preocupaciones
Sin embargo, la molestia de los locatarios no se trata por el cierre. Entiende la mayoría que se debe a medidas sanitarias, pero consideran que hay injusticia y desventaja.
Al caminar en este momento por la zona centro es fácil identificar los locales que ofrecen sus servicios porque tienen las persianas hacia arriba.
Por la calle 20 de Enero hay al menos unas siete tiendas que se dedican a la venta de artículos para peluquería, arreglo de uñas y artículos para estéticas.
Ahí trabaja una joven que se identificó como Margarita. Dijo que desde la primer quincena de abril los dueños que decidieron no cerrar a pesar de la petición de la alcaldía leonesa empezaron a pagar la mitad del sueldo semanal. Ella ganaba a la semana 600 pesos. Ahora, solo 300.
“Estamos desde la mañana, ya varias compañeras mejor decidieron buscar otra cosa. Aquí seguimos abiertos aunque no haya gente”.
“Yo la verdad sí tengo miedo de contagiarme, pero los dueños nos dijeron que no iban a cerrar aunque les dijeran”, declaró.
Mientras hay locales que venden comida y que ofrecen un número de whatsapp para servicio a domicilio, hay otros que venden camisas, blusas, faldas o pantalones, que por el momento no son considerados artículos de primera necesidad.
Estas tiendas de ropa se pueden ver alrededor del primer cuadro de la ciudad. Otras como las ubicadas en frente de la Preparatoria Oficial incluso venden artículos religiosos, algunos ofrecen artículos para teléfonos celulares, mochilas o hasta bisutería. Ninguno es de primera necesidad.
Lo mismo pasa frente a Catedral, un local grande de telefonía celular sigue abierto y con un flujo considerable de personas, algunas sin cubrebocas o que no respetan la llamada “sana distancia”.
También se puede observar locales que ofrecen juguetes como pelotas, otras piscinas inflables, artículos de segunda mano, gorras, lentes, piedras de geodesia o también instrumentos musicales. Ellos no se encuentran clasificados como servicios de primera necesidad.
Supermercados ofrecen artículos que no son de primera necesidad
También las grandes empresas de supermercados están aprovechando la situación y abren todas las áreas a pesar de que se tiene la indicación de que sólo pueden ofrecer artículos de primera necesidad.
Pero, por ejemplo en Soriana Satélite, la gente puede entrar y comprar llantas para su auto; o en H-E-B del Campestre ropa de temporada; en Wallmart Clouthier artículos para acampar, caza o pesca o en Bodega Aurrerá artículos como asadores de carbón, televisores y otros aparatos electrónicos; mientras que en la ciudad hay locales cerrados que ofrecen los mismos servicios y no se les permite abrir para mantener a las familias leonesas.
Las áreas mencionadas tiene acceso libre y hasta personal dedicado exclusivamente para atender a la gente, representando así una competencia desleal para quienes por órdenes municipales, estatales o federales, deben permanecer con las persianas cerradas perdiendo no solo empleos, sino la probabilidad del mismo negocio.
Empleados de los supermercados confirmaron que la indicación es vender, lo que sea, aunque no esté incluido en la lista de materiales o servicios de primera necesidad.
También señalaron que elementos de la Policía municipal entran a las tiendas pero solo para vigilar si las personas llevan cubre bocas, y desde el 17 de marzo no han visto a personal de otras dependencias revisando que sólo ofrezcan lo que está permitido.
Tal parece que aquellos que abren sin permiso se basan en el refrán “A río revuelto, ganancia de pescadores”.
MEJZ*
