San Francisco del Rincón.- En la comunidad Puerta del Cerro pagan una condena por delitos ambientales que ellos no cometieron: los estragos de la contaminación que les llega por todos lados.
A menos de 500 metros está lo que queda de la planta de Química Central de México, clausurada en 2014 por la PROFEPA. Cándido lo ha sufrido desde hace más de 20 años, cuando trabajaba ahí.
"Ahí estuve yo como 27 años trabajando ahí. Mucho ácido, muchos ácidos que vienen perjudicando a uno", relata en el patio de su casa, en donde los estragos no solo son a la salud.
Montaña contaminante
Las partículas contaminantes también han afectado al crecimiento de algunas de las plantas que tiene en su jardín, desde donde es visible la montaña contaminante de la planta.
"Antes que estuviera esa química teníamos una planta de durazno. Ya no se da igual. A ver por que no quitan eso, porque en ningún las lo quieren".
Desde eco bulevar que conecta a San Francisco del Rincón y León, es visible esta montaña que no es de arena ni de grava, son mas de 340 mil toneladas de desechos tóxicos que permanecen a casi una década de la clausura de la Química central de México.
Las partículas que se desprenden de esa montaña provocan daños a la salud y, también, a otros metales.
"Un fierro que compre uno y lo pongan nuevo nada más no dura. Un tejaban que haga uno no dura nada. Se empiezan deshacer luego, luego y se despedazan".
Pestilencia en el río
Pero también se enfrentan a otros contaminantes. A menos de un kilómetro de la planta clausurada y de la casa de los Ramírez la pestilencia de un río entra como invasora escurridiza por las fosas nasales.
"Huele bien feo, así llega como si fuera puro lodo de tenería pero bien fuerte. Ya es por todos los químicos de las tenerías que vienen", comentó.
Mientras que los habitantes de Puerta del Cerro pagan las consecuencias, los responsables respiran otros aires en libertad.
