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Los malabares de la escuela a distancia

De los 500 pesos que gana a la semana, Rosa María invierte al menos 300 entre imprimir copias fotostáticas, horas de cibercafé y tiempo aire para el celular… no puede más
Los malabares de la escuela a distancia

Rosa María describió la situación que vive desde el 17 de marzo con la imposición de la cuarentena por el coronavirus como “complicada y frustrante”, ya que además de llevar el sustento al hogar ahora debe ser maestra, tener conocimientos de redes sociales y hacer malabares para que su hijo continúe estudiando la primaria.

De los 500 pesos que gana a la semana invierte al menos 300 entre imprimir copias fotostáticas y contar con los ejercicios escolares, cubrir hasta tres horas en un cibercafé para buscar las investigaciones que dejan los maestros, comprar tiempo aire a fin estar en línea y no perder detalles del grupo de Whatsapp que crearon las mamás de la escuela.

En su casa no tiene ni computadora ni mucho menos acceso a internet. Su televisor no capta la señal de TV4 en donde trasmiten programas educativos para estos tiempos de cuarentena.

“A mí no me conviene poner internet nada más para esto porque prefiero tener ese dinero para otras cosas como comida, por ejemplo”.

Cuando no tiene dinero para comprar tiempo aire espera hasta llegar a su trabajo y desde ahí descargar todo lo que piden en la Secretaría de Educación de Guanajuato como testimonio de que su hijo continúa estudiando desde casa.

El resto, 200 pesos, son para transporte, comida, luz, agua y otros pagos. La renta, de mil 200 pesos, la paga con su pensión.

“Para mí la situación de la educación a distancia no ha sido tan buena, la verdad, porque no tengo los medios y se me ha complicado mucho”.

“A veces le tengo que poner más de 200 pesos al celular para estar sacando las tareas. Estoy trabajando más para que mi hijo estudie que para nuestra propia alimentación”, dijo.

Un cambio radical

Hasta antes de la pandemia del covid-19, Rosa María tenía una vida relativamente cotidiana, según describió ella misma. Trabajó por más de 20 años en una fábrica hasta que por una lesión en una mano la pensionaron.

El dinero que percibe de la pensión es insuficiente para cubrir todos los gastos en su hogar que va desde pago de renta, electricidad, servicio de agua, alimento, transporte, vestido y gastos eventuales.

Comenzó a trabajar en el servicio doméstico en cinco casas durante la semana. Percibía un gasto promedio de entre 2 mil y 2 mil 500 pesos que alcanzaban apenas para lo suficiente.

Rosa María desconoce que es parte de las 307 mil 806 personas en condiciones de informalidad en la ciudad de León, lo que equivale a una tasa laboral del 47%.

Tampoco sabe que el salario mínimo en León Guanajuato es de 123 pesos. Lo único que sabe es que necesita el alimento a su casa, vestir a sus tres hijos y pagar sus deudas.

Vive en la zona norponiente del municipio dentro del polígono de pobreza de Las Joyas, aunque no precisamente en esa colonia. Su hijo que estudia cuarto de primaria asiste a una escuela de gobierno en la colonia Piletas.

En el plantel educativo el niño contaba con las herramientas para su formación sin que generara un gasto mayor a los 100 pesos casi por todo el ciclo escolar.

Pero literalmente, de un día para otro cambiaron las cosas. Tras el puente escolar su hijo ya no regresó a la escuela para el 17 de marzo de 2020 por la declaración de la cuarentena sanitaria, misma que ella reconoce no ha seguido al pie de la letra.

“De un día para otro nos dijeron que no iba a haber escuela que porque no querían que hubiera contagios. Yo no tengo en dónde dejar encargado a mi hijo el más pequeño que es el único que sigue en la escuela y no quiero que pierda sus estudios.

“Yo estudié hasta tercero de secundaria pero eran otros tiempos, ahora mi niño me dice que quiere terminar la prepa, ir a la universidad; y yo por eso estoy haciendo muchos sacrificios”, dijo Rosa María tratando de que la voz no se quebrara por el llanto.

A partir de ahí los gastos familiares aumentaron pero el trabajo disminuyó. De los cinco domicilios que atendía actualmente labora solamente en uno, de ahí que sus ingresos bajaron un 80%.

El incremento en sus gastos fue principalmente para poder cubrir los trabajos de la escuela: desde comprar un teléfono con características para poder descargar archivos, contar con accesos a redes sociales y equipo para tomar evidencias fotográficas o en video de los avances en el estudio de su hijo.

“Yo no necesitaba un teléfono así, hubiera preferido invertir el dinero en mi familia a tener que comprar un teléfono para estar en el whats, abrir correo para que nos mandaran las tareas y a veces gastar en una sola semana hasta 400 pesos de datos para que el niño tuviera las cosas para la tarea”.

“Eso es aparte de los casi 30 o 40 pesos en copias todos los días, el tiempo en el cibercafé, luego el maestro nos dijo que íbamos a cambiar de plataforma. Yo no sabía qué era eso, llegaba al ciber y preguntaba que cómo se hacía eso y la gente me gritaba y me aventaban la libreta pero yo no sé hacer todas esas cosas, para mí todo esto es complicado y frustrante”, dijo Rosa María.

Los malabares en la educación

A pesar de ser consciente de que para evitar la propagación del coronavirus Rosa María debe permanecer en casa, su posición económica no le permite hacerlo.

“Pero ¿qué hago?, si no trabajo no comemos. Yo soy sola en la casa, de hecho el niño más chico debe quedarse también en casa pero me lo tengo que llevar a mi trabajo desde las 8 de la mañana que salgo a trabajar hasta las 4 de la tarde, entonces, ¿de qué sirve si va o no va a la escuela porque de todas maneras él sale a la calle?”, comentó.

Rosa María tiene acceso a la cuenta de internet donde trabaja. Confesó con pena que utiliza la contraseña para que su hijo vaya avanzando en las tareas que le dejan como ver algunos videos educativos.

En ocasiones el niño no alcanza a comprender algunos de los temas y ella debe dedicarle tiempo de su trabajo a las tareas. Cuando termina su actividad laboral se dirige con su hijo al cibercafé a continuar con las actividades que piden cada día.

Generalmente pasan en promedio dos horas, ahí mismo imprimen las copias, revisan correos electrónicos para enviar trabajos.

El 23 de abril imprimió unas copias que el maestro les pidió para tener el “testimonio de los trabajos” que corresponden a las actividades del 20 al 30 de abril. En ello invirtió poco más de 100 pesos.

Pero justo esas copias se trataban del cuadernillo que la secretaria de Educación en Guanajuato, Yoloxóchitl Bustamante, había dicho que serían gratuitas.

En esa rueda de prensa, la titular de la SEG en Guanajuato refirió que se enviarían 141 mil cuadernillos a las familias que no contaban con computadoras u otros medios para continuar con los estudios de los niños desde casa.

“El maestro nos dijo que sacáramos las copias para poder trabajar, que el que importaba era el del 20 al 30 de abril, yo tuve que imprimir ese cuadernillo en esta semana y pagué 100 pesos”.

Cuando Rosa María escuchó que el cuadernillo era gratis respiró profundo “hubiera usado ese dinero en comida”, fue lo que respondió.

“A mí todo eso me tiene ahorita con mucha presión, yo digo ‘ay Dios mío, ojalá que todo salga bien y que todo lo que esté haciendo esté bien’, pero en todos estos días en que hemos estado así nos han cambiado las formas (de entrega de tareas) que primero por un correo (electrónico) que luego ya dijeron en la SEG que mejor por otro modo; y que ahora tenemos que tener Whatsapp, que por una plataforma donde tengo que subir las cosas todos los días”.

“Sean más conscientes”

Durante la rueda de prensa que la Secretaría de Educación de Guanajuato ofreció de manera virtual el 21 de abril, la titular declaró que el 80% de los estudiantes de los tres niveles básicos de educación cumplían con realizar sus trabajos desde casa.

El hijo de Rosa María está dentro del 20 % que no cumplió con todos los trabajos, simplemente porque no cuenta con las herramientas necesarias.

Aún así hay el esfuerzo de una madre que entiende que la educación es una parte esencial para el desarrollo de su hijo porque quiere que salga adelante.

“Yo me siento con él a veces hasta las 11 de la noche para terminar los trabajos que le piden, a veces no mandamos todas las actividades diarias como nos lo piden porque no tenemos computadora, en casa no hay internet, no tengo a veces ni el tiempo ni el dinero para invertir en todo lo que piden.

“Y este no es solo un caso mío, sino que hay muchas mamás en Las Joyas a las que les pasa lo mismo, que queremos que nuestros hijos estudien pero no tienen los recursos económicos para eso.

“Nos dicen que algunas cosas las pasan por el canal 4 pero mi tele no puede ver esos programas porque no es una tele moderna, y en los horarios en que los pasan yo estoy trabajando”.

Su hijo tiene un promedio de 9 de calificación y ella tiene claro que no debe bajar, pero eso le está costando más de lo que gana.

“A mí me gustaría decirles a la Secretaría de Educación que fueran más conscientes y que estuvieran en el lugar de las personas que no tenemos el medio para estar haciendo las tareas, ni tampoco la economía”.

“Simplemente que, mientras estemos en esta situación a la que no sabemos cuándo va a terminar porque estamos sin trabajo, nos tengan paciencia porque la verdad somos muchas mamás, porque yo no soy ni la primera ni la única que batalla en este aspecto”, finalizó.