El silencio en las calles de Barrón no transmite paz y mucho menos tranquilidad. En la comunidad salmantina hay miedo, preocupación e impotencia. El ataque a seis personas, entre ellas cuatro menores de 18 años, que fueron privados de la vida, apagó el ajetreo del poblado.
Son las 9 de la mañana del martes 7 de junio. Poco más de doce horas antes, las detonaciones de arma de fuego alertaron a Ignacio, mientras tomaba un descanso en una finca, localizada frente a la escuela General Mariano Escobedo, en donde suspendieron clases tras el hecho.




La distancia entre el hombre de 72 años y el punto exacto en dónde cayeron tres de las víctimas es escasa. A unos metros de él, tres cruces de cal, marcadas sobre igual número de manchas de sangre, indican el lugar en donde la mitad de los cuerpos se desplomaron la noche anterior.
Ni el cubre bocas negro que le tapa la mitad del rostro, ni sus anteojos y tampoco su sombrero, ocultan la angustia que refleja su semblante. Nunca antes se había registrado un multihomicidio, menos con estudiantes del bachillerato comunitario recién terminando su turno.
“Yo estoy platicándoles esto y diciéndoles que estoy más sentido porque esas criaturas no deben nada, son muy menores de edad de a tiro. Venían llegando de la prepa, haciendo su lucha para poder vivir”, dice mientras se pone de pie.
Las víctimas, que fueron asesinadas a manos de hombres armados son: Estefanía, Pamela Rubí, Guadalupe y Eleuterio, las tres de 17 años, además de José Guadalupe de 18 y Juana de 65 años. Mientras se retira, Ignacio asegura que ninguno de ellos tenía problemas con nadie.
El temor también paralizó al jardín de niños
Los hechos, reportados a las autoridades poco después de las 6 de la tarde del pasado lunes, dejaron sin clases a los alumnos del recinto educativo que fue testigo del ataque armado. Rubén había decidido no llevar a su hija, aunque no hubiera suspensión de clases.
“Sí, habían estado abriendo la escuela, pero hoy no por lo que pasó ayer. Yo de todas formas no iba a llevar a mi hija porque sí estamos muy preocupados por lo de los chavos de ayer. Esta escuela ya tiene rato que estaban abriendo diario”.
Ninguna de las personas a quienes les arrebataron la vida era cercana a él, pero sí los conocía. Coincide con Ignacio cuando resalta que las seis víctimas eran personas de bien, y dice que a la mujer de la tercera edad la alcanzaron las balas cuando iba a la tienda.
“La señora venía de la tienda y los jóvenes iban saliendo de la escuela. Aquí no se veían esas cosas; hasta ayer todo era tranquilo aquí en la comunidad. Ahora estamos preocupados y con miedo de que vuelva a pasar algo parecido”.
Durante el recorrido en la comunidad, solo son cuatro vehículos de la Guardia Nacional que no volvieron a pasar, en un lapso de dos horas, por el perímetro en donde se dieron los asesinatos. Los habitantes dicen que los patrullajes son casi nulos.
El silencio de la angustia regresa cuando Rubén termina de compartir su testimonio y camina en dirección a su casa. La ausencia del ruido y las veladoras sobre las cruces de cal se quedan inertes, atestiguando la zozobra de los habitantes de Barrón.
MEJZ*