Por Ricardo Preciado / San Felipe, Guanajuato - "Les digo a quienes hacen el mal: ¡dejen de asesinar a sus hermanos!", así dijo el arzobispo de León, Jaime Calderón, durante la misa de cuerpo presente que se realizó para despedir a las siete víctimas de la masacre en la comunidad San Bartolo de Berrios en San Felipe.
En una iglesia a reventar, familiares y amigos de los siete jóvenes asesinados en la masacre en la plaza principal rezaron por sus almas.
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Sus cuerpos fueron ya sepultados, pero no el crimen. Gritos de impotencia y tristeza acompañaron el último adiós de los siete jóvenes víctimas de un ataque armado ocurrido la madrugada del lunes cuando convivían en la plaza principal de San Bartolo de Berrios del municipio de San Felipe Guanajuato.
Desde sus casas y de entre sus calles, los habitantes de la comunidad salieron este día para dar el pésame a sus amigos y seres queridos de las víctimas de la masacre.
Siete familias fueron destrozadas en un atroz crimen sin un motivo esclarecido hasta el momento por las autoridades. Sin una razón, a los jóvenes se les acribilló a sangre fría, es todo lo que sabe a familia y comunidad.





Al medio día de este miércoles, los restos de los hermanos Ángel y César Tapia; Braulio Ortiz, Ángel Piñón, Mariano y Ángel Corona; así como Miguel Ríos, visitaron por última vez la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe Reyna de los Apóstoles para una misa de cuerpo presente presidida por el arzobispo, Jaime Calderón Calderón.
Autoridades tienen el deber de cuidar a los ciudadanos: arzobispo
El prelado no solo lamentó lo ocurrido, les recordó a las autoridades ser las responsables y tener el deber de cuidar a los ciudadanos.
La impunidad, agregó, genera más y más violencia, por ello, urgió hacer justicia y encontrar a los responsables, e hizo un llamado a construir un mundo más justo y humano.A quienes hacen el mal, dejen de asesinar a sus hermanos porque la vida es un regalo de Dios y nadie tiene derecho a arrebatarle la vida a un hermano, es un Don de Dios".
Jaime Calderón Calderón / Arzobispo de León
Entre música de mariachis y banda, los féretros salieron uno a uno de la parroquia de la comunidad escoltados por todos sus habitantes.
En la avenida principal, la 20 de Noviembre, fueron colocaron globos blancos como muestra de solidaridad con los dolientes.
Ya afuera, en carroza o al hombro, el cortejo fúnebre avanzó por cientos de metros hasta llegar al panteón de San Bartolo de Berrios, la última parada no deseada para sus familiares que se negaban despedir, a quienes hasta hace unos días, convivían en sus hogares.
"Levántate, César, levántate", era el grito que retumbaba por los pasillos del campo santo mientras su hermana Yadira se aferraba al ataúd de su hermano menor.
Para sus familiares, los motivos y los responsables de la agresión armada son un completo misterio.
Los jóvenes asesinados son considerados por la comunidad como hombres de bien, quienes únicamente convivían en la plaza principal de San Bartolo, una madrugada de domingo.