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¿Funcionará una crianza con ternura para educar hijos fuertes?

Nos invade el mandato de que los hijos tienen que obedecer a sus mamás y papás y que tienen que hacer aquello que les pedimos
¿Funcionará una crianza con ternura para educar hijos fuertes?

La crianza respetuosa surge en oposición a un paradigma tradicional más autoritario y menos empático hacia las infancias, para distanciarnos de las formas tradicionales de crianza y desechar mandatos obsoletos.

La psicóloga Lorena Ruda (MN 44247) dice que algunos padres crían como los criaron sin reflexionar tanto, pero otros se cuestionan sobre su propia crianza e intentan modificar con sus hijos algunas cosas.

Una crianza respetuosa elimina el adultocentrismo, donde los adultos solemos tener siempre la razón, y muchas veces nos encontramos aseverando “verdades”, repitiendo frases hechas y apelando a la autoridad. Este sistema es muy eficaz para oprimir a todos.

Por más que queramos practicar una crianza respetuosa, nos invade el mandato de que los hijos tienen que obedecer a sus “mapadres” y que tienen que hacer aquello que les pedimos, del modo que se lo pedimos y cuando se lo pedimos. Todo eso en nombre de que vivan una infancia feliz.

Nos preocupamos por “nimiedades” como que el niño baje los pies del sillón, levante el juguete, o no se termina su plato, porque el niño empiece a caminar o deje el pañal. Cuando el niño no lo hace nos enojamos y nos distanciamos de los hijos, porque impide que nos encontremos con ellos, que disfrutemos juntos, que nos sintamos bien, contenidos, valorados y reconocidos.

Distraídos en querer imponerle a los niños un conjunto de conductas que la sociedad nos demanda para que certifiquemos nuestro “ser buen padre” o “ser buena madre”, transcurren su infancia.

Lorena Ruda propone una crianza con ternura, donde nos preguntemos por el otro, y por la relación con el otro: un modo de descentrarnos. Los aprendizajes más significativos están ligados a un vínculo afectivo que nos marcó, que nos hizo sentir queridos, reconocidos, valorados por lo que éramos y tal como éramos.

Necesitamos re-encontrarnos con aquello que nos constituye como humanidad y que se encuentra a flor de piel en la infancia. Apuntamos al lazo social, a la dimensión del afecto, del amor humano, ese que es sensible ante el dolor ajeno, que se conmueve ante la injusticia.

Necesitamos desprendernos del contenido controlador, disciplinante, culpabilizante, revanchista, competitivo, machista, adultista, discriminatorio, racista, moralizante; necesitamos reaprender de los niños el valor entrañablemente humano de la ternura. Y escucharlos, siempre escucharlos: pero ni como hijos, ni como alumnos, escucharlos como lo que son.

al/n