El tráiler en donde perdió la vida, fue la alternativa de José Guadalupe para que no tuviera que cruzar el desierto caminando. Era la segunda vez que viajaba rumbo a Estados Unidos y pretendía casarse una vez de regreso. No cumplió su sueño.
El 28 de junio, autoridades mexicanas confirmaron la existencia de los primeros 22 mexicanos entre los fallecidos al interior de un tráiler, encontrado unos días antes en San Antonio, Texas. En ese momento aún no se conocían sus estados de origen.
Dos días después darían a conocer que entre los mexicanos, había guanajuatenses. Ese mismo día precisaron que eran siete: dos de Celaya, dos de Cortazar y uno de Valle De Santiago. Posteriormente, sumarían a otro migrante, proveniente de San José Iturbide.
Son casi las 8 de la mañana, del 14 de julio, en un domicilio de Celaya. Es una casa humilde, sustituyen algunas puertas con cortinas de tela. En la sala reposa un féretro color gris custodiado por cuatro cirios, uno en cada esquina. Ahí yace el cuerpo de José Guadalupe Narciso López Muñiz.
Detrás de una de las cortinas, Rosa relata que la última vez que supo de su hijo fue el 17 de junio, once días antes de que confirmaran que había migrantes de Guanajuato en el tráiler. Nadie le avisó que uno de ellos era José Guadalupe, ella misma se comunicó con autoridades de San Antonio.
“Yo llamé a San Antonio, Texas. Ahora sí que primero me iba a poner en las manos de mi Dios a hacer oración para que él me ayudara y entonces primero iba a hacer mi oración y decirle que me ayudara a encontrar a mi hijo. Estaba desesperada, estaba deshecha”.
José Guadalupe tenía 34 años, se dedicaba al campo y era padre de dos hijos. Todavía no se casaba, pero su propósito era hacerlo tan pronto juntara un dinero para sus padres, sus hijos y su vida en matrimonio. Su madre lo recuerda siendo una persona alegre.
El trabajo en la zona en donde velan su cuerpo es escaso, así lo dice Rosa. La decisión de viajar al país vecino fue un acto de desesperación porque sus ingresos no le alcanzaban para mantener a su familia. Su ilusión era que no les faltara nada, sin saber que él sería el faltante.
El día en que tuvo el último contacto con su madre, solamente le avisó que estaba a punto de iniciar la travesía de cruzar la frontera entre México y Estados Unidos. No le dio muchos detalles sobre la forma en que realizaría el intento, solamente le aclaró que no sería a pie.
“Se fue, dijo que apenas se iba a ir y se fue. Él ya nos había dicho que no iba a caminar. Pero nadie sabía (del tráiler). Me impresionó todo porque la última llamada que me hizo venía de Tamaulipas. Se quedó ahí la llamada de donde me habló”, explicó.
Rosa no puede ocultar la tristeza, pero mientras atraviesa la cortina, que hace las veces de puerta divisora, para regresar al sitio en donde yace su hijo, dice que, por una parte, está tranquila, su temor más grande era buscar a Guadalupe por el resto de sus días.
MEJZ*
