Por Xóchitl Larios y Gaby Bárcenas
Las mujeres en León salieron a las calles a exigir lo que tanto se les ha negado: la libertad de decidir sobre su cuerpo, respeto, seguridad, y a vivir sin miedo.Este martes 8 de marzo ´Día Internacional de la Mujer’, recuerda el lentísimo avance en el reconocimiento de los derechos negados, la inequidad de oportunidades y aún más, la violencia que se acrecienta y parece no parar.
La marcha se dio en un ambiente festivo, de unión, en la que hermanas, hijas, madres, amigas de mujeres violentadas, desaparecidas, asesinadas, violadas y acosadas, unieron sus voces. 8 mil mujeres, de acuerdo a cifras oficiales, hicieron oír su voz.















Las demandas lanzadas fueron desde la extinción del patriarcado, el reconocimiento pleno y absoluto del derecho al aborto, castigo a diputados o funcionarios públicos violadores, hasta la destitución del secretario de Seguridad Pública de León, Mario Bravo Arrona.
“Sigue pasando que la actual alcaldesa ratificó en su cargo al secretario de Seguridad Pública, Mario Bravo Arrona, a pesar de las peticiones del movimiento de no hacerlo; exigimos su renuncia”, expresaron.
Luego de marchar del Arco de la Calzada, caminar por el bulevar Adolfo López al parque Hidalgo y regresar a la zona peatonal, leyeron un pronunciamiento que fue firmado por participantes de la marcha del 8M.
El documento, que integró las denuncias y exigencias expresadas por el colectivo de feminista y organizadoras de la manifestación, quedó a disposición de las mujeres para ser firmado y entrega posteriormente a las autoridades municipales.
En la lectura del mismo se destacó la exigencia para sancionar a funcionarios públicos que han violentado los derechos humanos de las mujeres guanajuatenses.
Pidieron al Partido Acción Nacional (PAN) no encubrir a diputados o hijos de militantes de este partido violentadores y/o violadores.
“Exigimos que nos den a todas, el mismo acceso a la justicia, sin importar que nuestros violadores estén afiliados a su partido o ejerzan un cargo público”, demandaron.
A las puertas de la Presidencia Municipal, que fue iluminada de morado por el 8M,
exigieron justicia para decenas de mujeres asesinadas a manos de sus parejas, entrenadores, conocidos y desconocidos. También, compartieron sus desgarradoras historias de violaciones en las que sus victimarios fueron sus padres, ante una familia muda, ciega y sorda.A cada historia se escuchó un “Yo sí te creo”.
La defensa de las paredes
Ataviadas en negro, morado, blanco y pañuelos verdes, no solo gritaron consignas, también las plasmaron en pancartas para hacer visible la desilusión, la rabia, enojo y furia, pero con la esperanza de transitar hacia un mundo libre de violencia y discriminación. Ese que ni sus abuelas o madres pudieron rechazar públicamente, mucho menos erradicar.
“Hoy marcha mi madre y mi abuela, que crecieron bajo un patriarcado, bajo signos de violencia y sometimiento, para buscar que mis hijas no hereden su violencia”; “Que llegue el día en que una mujer desaparecida duela igual que perder un partido de futbol” y “Les presto mi voz a las que ya no están”, fueron algunas de las consignas.
Las niñas, adolescentes, mujeres jóvenes y adultas que marcharon, para los grupos católicos y Provida se convirtieron en una amenaza para las paredes y muros de la Catedral Metropolitana de Nuestra Señora de la Luz, los templos e iglesias de la zona centro.
A fuerza de rezos, oraciones y una valla humana que rodeó la Catedral, católicos protegieron la fachada y sus muros de cantera rosada, al tiempo que sus protectores oraron por la paz del mundo, la vida desde su concepción y la dignidad de las mujeres.
Al paso de la marcha las participantes pidieron se respetara su derecho a un aborto seguro. Nada más, nada menos.
Al concluir el evento conmemorativo por el 8 de Marzo en la plaza principal, velozmente la realidad se hizo presente como una bofetada. Un hombre envalentonado agredió a su esposa. Pese a la defensa de las mujeres feministas, la agredida terminó por defender a su pareja, quienes tomados de la mano le dieron la espalda a las voces que gritaron para exigir un alto la violencia contra todas las mujeres, incluyéndola a ella, que solo iba de paso por la marcha.
MEJZ*