Por Gamaliel Reyes y Cristina Muñoz
El orgullo y la preocupación acompañan a Ignacio todos los días en su taller de reparación de aparatos electrónicos. Su hijo lleva más de 10 años desempeñándose como policía municipal en Guanajuato, uno de los estados en donde han asesinado a más elementos en todo el país.
En la última semana de octubre, dos elementos de la Policía municipal de León fueron asesinados en menos de 48 horas. Ambos eran compañeros de su primogénito. Por eso, cuando se entera de que un agente ha sido privado de la vida, lo siente como si fuera parte de su familia.
“Mi hijo, cuando sale, me pide la bendición. Me dice, deséame buena suerte, que todo salga bien, pero en el fondo él se queda con la incertidumbre de si regresará o no regresará. Cuando me entero de otro caso, también pienso en la familia de los afectados”, comenta.
Su familia es católica. Mientras describe la sensación de tener a un policía como hijo, enciende una veladora que reposa junto a un cuadro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego hecho con mosaicos. Es a esa imagen religiosa a la que diario le encarga a su hijo.
Son las 10 de la mañana del 27 de octubre. La cifra de policías asesinados en el estado de Guanajuato alcanzaba los 44 casos. Es la segunda entidad más peligrosa para ejercer el oficio en todo el país; en primer lugar está Zacatecas con 46.
Unos minutos antes, fue registrado el asesinato número 44 en el estado, y el quinto en la ciudad de León. Ocurrió mientras la víctima se ejercitaba fuera de su horario laboral, en la colonia Joyas de Castilla. El suceso quedó registrado aproximadamente a las 8 de la mañana.
Son este tipo de hechos los que generan sentimientos encontrados en Ignacio. El orgullo y el temor de ver a su hijo portar el uniforme azul, la gorra tipo kepi, el armamento y su placa.
“El orgullo está en el sentido de que es una noble profesión por dedicación que le dan al cuidado de la sociedad de ver por el bien de los ciudadanos y la preocupación cuando ellos en acción. Ojalá que no les pase nada”.
Dejar el uniforme, no es opción

Detrás de la cadena de custodia, elementos del Ejército, de las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado y civiles, hay sobre todo policías municipales, quienes están presentes mientras los peritos recaban indicios para esclarecer los asesinatos, como en el caso ocurrido esta mañana, luego de que un policía que se ejercitaba, fuera asesinado en un parque público de Joyas de Castilla.
En menos de dos días, en la misma semana, dos policías de León fueron asesinados.
“¿Cambiar de trabajo?, no, esto nos gusta”, es la respuesta de uno de los policías al preguntarle si no ha pensando en dejar esta profesión, con una voz tranquila, pero sin dejar de ver el lugar donde está su compañero caído; “alguien tiene que hacerlo”, dice.
Otro policía, que no estuvo presente en ninguno de los homicidios, señala que estos hechos, sí provocan temor: “la muerte de los compañeros es un tema delicado, porque, pues son personas con las que convivimos todos los días, no sabemos cuándo le van a pasar esas cosas a uno”, dijo a Página Central.
Sobre su familia, dijo que la convivencia con ellos es normal. Precisa que como cualquier otra familia, ahí se les olvida, tanto a su esposa como a sus hijos, el trabajo que tiene.
Pero todo cambia en el momento en que tiene que ponerse el uniforme y empezar un nuevo turno otra vez, ya que “siempre (tienen) en la mente que va a haber algo peligroso después”.
MEJZ*
