El Mesón de las Ánimas en León en la época virreinal continúa dando de qué hablar por aquellos viejos ocupantes que insisten en quedarse...
León - La finca marcada con el número 421 de la calle Madero, donde se albergó el Mesón de las Ánimas en León en la época virreinal, continúa dando de qué hablar por aquellos viejos ocupantes que insisten en quedarse para la eternidad.
La
casona hoy alberga una cálida cafetería y anteriormente fue un restaurante de alitas y más atrás en el tiempo un Club bar.
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Se escucha que "alguien" quiere abrir las puertas.[/caption]
Desde entonces, algunos de sus arrendatarios o momentáneos ocupantes sintieron o escucharon a aquellos huéspedes de lo que fuera el
Mesón de las Ánimas en León, uno de los espacios de hospedaje más importantes del
Siglo XVIII.
Detrás del portón de la histórica casa
persisten las almas de los mineros a quienes la ambición humana les arrebató la vida, todo por el oro y la plata que transportaban.
Según el
cronista de León, Luis Alegre Vega, el
Mesón de las (benditas) ánimas data de 1893, que también fue utilizado como cuartel del Ejército Realista, aunque su actividad principal era la de dar alojamiento a los viajantes.
A más de 130 años de su esplendor como una de las posadas más importantes de la época a la que llegaban los viajeros y mineros con oro y plata desde
Zacatecas, pasando por Guanajuato en su camino a la Ciudad de México, permanecen, al menos algunos de ellos.
Mataron a los viajeros en el Mesón de las Ánimas en León
La leyenda del
Mesón de las Ánimas relata que en uno de los muros del lugar había un cuadro de las Ánimas del Purgatorio.
De acuerdo con el libro “Leyendas y Sucedidos leoneses” del cronista Vicente González del Castillo, en el mesón habrían sido asesinados unos viajeros, quienes llevaban un
cargamento de oro y plata.
Por ello, según puede explicarse, es que luego de sonar las campanadas de la Parroquia, atrás de la imagen se escuchaban unos golpes. Los cuales por cierto continúan con una mayor intensidad en la finca.
Juan González Palacios y Daria Romo no se conocen, pero sintieron, vieron, escucharon y conocieron cómo se hacen presentes esas benditas ánimas. Ambos en distintos momentos de los últimos siete años, experimentaron hechos que a simple vista no tuvieron explicación.
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Algunos de los rasgos de la casona persisten pese al paso de los años.[/caption]
Daria vio cómo sin explicación alguna s
e abrían las puertas de uno de los cuartos que da al patio principal y que en su momento era conocido como el salón de los oficiales, donde también con las puertas del librero hacían de las suyas.
La historia de Daria coincide con la de Juan, quien aseguró haber escuchado cómo
esa misma puerta querían abrirla desde el interior.
La puerta de en medio estaba cerrada con su aldaba y su candado, nos acercamos hacia allá y la puerta la empiezan a empujar hacia afuera, nos sorprendimos, pero volvió a pasar lo mismo”, narró Juan, quien en los últimos años se ha encargado de realizar trabajos de mantenimiento en el 421 de la calle Madero, hoy Corazón de Pan.
La arquitecta, quien lideraba el proyecto, le pidió abrir la puerta pensando que alguien se había quedado dentro, sin embargo, al abrir no había nadie.
A partir de ese momento, sus sentidos se agudizaron. J
uan sabe que algo “extraño” pasó y continúa pasando. Aunque prefiere no pensar mucho en ello.
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En las puertas de los cuartos que dan al patio suceden cosas extrañas a personas que no se conocen entre sí.[/caption]
Daria afirma haber escuchado el andar de un hombre y el tintineo de las llaves.
Otros testigos indican que, al acudir al lugar, principalmente por razones laborales, han aplicado algunas estrategias, como, por ejemplo, ir a los sanitarios preferentemente acompañados. Así hacen sentir su presencia,
para que las almas de los mineros ni azoten, ni intenten abrir las puertas.
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*rmt