León, Guanajuato - A poco más de dos meses de haber asumido el liderazgo en la Arquidiócesis Metropolitana de León, el arzobispo Jaime Calderón, dijo "que hay mucha violencia, que hay asesinatos, que hay desaparecidos, que hay cobros de piso, que los grupos criminales van haciendo la suya, que están contaminando nuestras familias, que están contaminando a nuestros jóvenes con violencia. De eso tenemos que hablar, aunque arriesguemos nuestras vidas”.
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Durante la homilía en la misa dominical que presidió en la Catedral de León, monseñor Calderón Calderón compartió con su feligresía que ha visitado más de 32 parroquias y conocido una realidad marcada por asesinatos, desapariciones y extorsiones. Además, señaló la presencia de grupos criminales organizados que afectan especialmente a los jóvenes.
El arzobispo Jaime Calderón Calderón tomó posesión canónica durante una ceremonia solemne el pasado 19 de agosto, y posteriormente inició su visita a las parroquias de la Arquidiócesis.
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Actualmente, existen 136 parroquias en la Arquidiócesis Metropolitana, que comprende nueve municipios: León, Silao, Guanajuato, San Felipe, Ocampo, Romita, Purísima, San Francisco del Rincón y Manuel Doblado.
Ante esta realidad en la Arquidiócesis Metropolitana de León, monseñor lanzó un llamado a la comunidad católica y a la ciudadanía en general a frenar la violencia desde el seno de los hogares y entre las familias.
Señaló que cada uno de los católicos debe estar en camino, evitando desde los hogares “el insulto, la denostación al esposo, a la esposa, la infidelidad de uno hacia el otro. Eso es violencia, y desde ahí que Cristo reine”, recomendó.
Queridos hermanos y hermanas, en esto consiste el poder gritar que viva Cristo Rey: cuando cada uno de nosotros, por la gracia de Dios, comienza y continúa luchando en su vida para que ese reino siga viviendo, y siga siendo este reino de la verdad y la vida, de la gracia, de la justicia, del amor y de la paz”.
Esa tarea, abundó, nos toca a todos: “A mí y a ustedes, porque no se terminará este flagelo si no nos involucramos.
“Si todos, confesando la fe en Jesucristo, no decimos ‘Cristo es nuestra paz’, no habrá paz si Cristo no reina en los corazones de las personas, empezando por el nuestro. No hay que ver solamente a los que señalamos como los malos, como si nosotros fuéramos ya muy buenos. No, estamos en camino”.
