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En el mes patrio, divididos como nunca    

...El problema es el de la actitud que debe adoptarse frente al conflicto en materia económica, social, política o religiosa
En el mes patrio, divididos como nunca    

Por Juan Miguel Alcántara Soria

Vivimos este septiembre como nunca antes yo había percibido: confrontados entre nosotros mismos, profunda y durablemente, entre clases sociales o geografías. De forma artificial, polarizados desde el poder, con ecos fratricidas en ambientes académicos o intelectuales. Igual, por añosas estructuras económicas, injustas e insolidarias, agravadas aun más. Independencia, Revolución y demás hechos de nuestra historia patria, son patrimonio de todas y todos; violentos o pacíficos, constructores o destructores; nos pertenecen en común (lo entendemos en los correspondientes de familia). Sin embargo, hay lecturas viejas como recientes que, ante la realidad de conflictos sociales innegables –son datos del ser-, sugieren deben atizarse –como si fueran datos del deber ser moral y político-, y gestionan tesis y actitudes de odio entre nosotros. En el pasado, el príato se ostentaba como heredero de todos los movimientos históricos gloriosos, desde la Independencia hasta la Revolución; y a sus adversarios les adjudicaba el legado de los hechos contrarios, negativos o antipatrióticos. Visiones maniqueas que no se corresponden con la dinámica de la humanidad. Leemos encuentros y desencuentros de Cortés-Moctezuma, Iturbide-Guerrero, Miramón-Juárez, Díaz-Madero, con perspectivas donde unos encarnan todo el bien, y los otros solo el mal, pretendiendo ignorar que unos y otros fueron seres humanos, con aciertos y desaciertos, con actos de bien como para el mal común. El balance final hay que hacerlo con historia rigurosa, no ideologías. Los Nuño de Guzmán, Santana, Victoriano Huerta o Elías Calles deben ser señalados; pero son parte de nuestra historia. Quien esto no acepta se pone más allá del alcance de cualquier argumento racional y hace imposible un diálogo racional.

El arte mexicano no se escapó de esa visión maniquea -particularmente los muralistas, como Rivera-: expone a los “buenos” de un lado (atractivos, humildes), y los “malos” del otro (horribles, opulentos, violentos). Hay un común denominador en la historia oficial y artistas de los años 20s y 30s del siglo XX: la tesis marxista de la lucha de clases como motor de la historia, muy asimilada entre ciertas élites políticas y culturales. Ocasionó una guerra civil religiosa. Tesis hoy rescatada por el gobierno de López Obrador (la SEP con su nuevo “modelo”, entre varias): No solo es la cantaleta diaria de los “traidores a la patria”, “conservadores”, “fifís”, “burgueses” enfrente, sino la exaltación del odio, y la cosecha de efectos del odio. Son políticas que aplican a partir de subordinar la acción política a la lucha de clases. No debemos negar los conflictos como realidad social; pues “existen formaciones socioeconómicas con indudables datos de semejanza y vinculación; pero que, dentro de esas mismas formaciones, es posible diversidad de respuestas frente al mismo estímulo”.

El problema es el de la actitud que debe adoptarse frente al conflicto en materia económica, social, política o religiosa. Hay que atravesar el conflicto para llegar a algo que no es ya conflicto (lo sabemos desde casa). Esto supone que por encima del conflicto existen criterios de verdad, equidad y de justicia capaces de resolver los conflictos, en la medida en que sea posible, y supone, además, que se entra al conflicto con el deseo de resolverlo, sin ánimo de exterminio del adversario. López Obrador ha convertido el conflicto en un fin en sí, y le importa atizarlo: considera tanto más favorable una situación cuanto más cargada de conflictos esté (aun como distractor), y extermine. Estamos presenciando una serie de realidades peligrosas. Ante mentiras, y manipulación de expedientes (Rosario Robles, Murillo Karam, etc.) defendamos garantías mínimas de derecho también para el adversario, de tal manera que, dado el caso, por criminal, el adversario, sea sujeto a procedimientos de justicia penal; conservando, al menos, la exigencia difícil de respeto a las personas de los contrincantes. La Patria es “la casa de nuestros padres en constante edificación”. Sin odio y sin violencia habitémosla.

MEJZ*