Preferible dormir sentados y con mosquitos al asedio, antes que alejarse de casa. Estela y su familia ya llevan cuatro noches durmiendo en una camioneta. No se van porque temen ser víctimas de la rapiña que ya hizo de las suyas en las comunidades de Abasolo, afectadas por inundaciones.
Frente a ella tiene una mesa plegable. Mientras le retira la cáscara a un melón relata que, la madrugada anterior, se supo que un grupo de personas ingresó a la casa de una vecina en Santa Cecilia. El nivel del agua no fue obstáculo para los que aprovechan la desgracia ajena.
“Se imagina, nos vamos. Sacamos las cosas de entre el agua para que vengan otros y se los lleven y nos dejen sin nada. De que andaban robando a una vecina de aquí de adentro. Yo creo el agua les llega aquí mire”, explica mientras señala su hombro derecho con el dedo índice.
El comedor temporal está a unos pasos de la entrada de su casa en donde el agua ya rebasó los 50 centímetros en algunos espacios. De vez en vez, uno de los integrantes de la familia entra a echar un vistazo, como quien busca un objeto perdido en la maleza.
“Han sido puros gastos. Ahorita ya nos estamos quedando sin dinero para la comida. Ayer tuvimos que ir a comprar dos pares de botas de plástico para poder entrar, el coche ya se nos quedó sin gasolina. Por eso ahorita estamos desayunando fruta”.
Un señor de aproximadamente 40 años la interrumpe. Avisa que llegaron ‘Los Cuates’, una familia de taqueros que dejaron el negocio para llevar comida gratuita a los damnificados. Llevan carne de puerco en salsa roja, frijoles y aguas frescas de horchata y jamaica.
Son cuatro hermanos. Una sirve los frijoles, otro la carne, uno se encarga de llenar los vasos con agua de sabor y la cuarta entrega las tortillas. Algunos se quedan a comer ahí, otros regresan a sus refugios improvisados frente a sus casas. La mayoría se pone a almorzar.
“Nos conocen como ‘Los Cuates de Abasolo’, vivimos aquí en la cabecera municipal. Tenemos el negocio ahí en el centro y muchas de las personas que viven aquí nos han comprado, al menos, una vez. No nos cuesta nada venir a apoyarlos en estos momentos”, comenta Gustavo.
¿Y los candidatos?
Del otro lado de la carretera roba la atención un megáfono. Es Josefina. En lugar de chicharra utiliza su voz para invitar a los habitantes de Santa Cecilia a salir por los apoyos: también avisa que ya llegaron ‘Los Cuates’ y les hace saber que, ella y su hija de nombre Berenice, van a regalar ropa.
“Se les sigue avisando a todas las personas que mis amigos los cuales están regalando almuerzos. Berenice y Josefina de El Saucillo están regalando ropa en esa camioneta que se ve por allá. Arrímense por favor, no tiene costo nada de lo que ofrecemos”, exclama.
Un grupo de aproximadamente seis personas están con Berenice. Mientras eligen una prenda, ella aprovecha para mandar un recordatorio a los candidatos que anduvieron haciendo campaña, hace tres meses, en las comunidades que hoy sufren los estragos de las inundaciones.
“Ahora sí que se vean los políticos. No que meses atrás andaban según ellos en los hornos haciendo tabiques, regalando despensitas. Ahora sí los queremos que vengan. Que si tienen forma de meter camiones para que la gente sus cosas que nos apoyen”, lo dice con molestia.
Estela ya almorzó, tomó un par de chamarras de las que estaban regalando y se regresó a la cochera de su casa. Se vuelve acercar a la mesa plegable y voltea a ver su camioneta. En unas horas volverá a dormir incómoda, espantándose los mosquitos y con incertidumbre.
MEJZ*
