Claudia Camacho, Ma. Ángeles Ancira Arrona y Teresa de Jesús Alonso González detectaron a tiempo una enfermedad que es la primera causa de muerte entre las mujeres de León: el cáncer de mama.
Ellas, a través de su testimonio de vida, quieren enviar un mensaje positivo al resto de las mujeres para que el índice de casos y defunciones vaya en decremento.
Tan solo en los últimos tres años el cáncer de mama registra en León un notorio aumento.
Cifras del sector salud indican que hasta octubre del 2019 van registrados 1039 casos; en el 2018 (de enero a diciembre) hubo 181 y de ellos 79 defunciones; las cifras eran más bajas en el 2017 los casos fueron 543 pero hubo mayor número de defunciones con 309.
El problema se da en todo el mundo, y en particular en nuestro estado, los municipios con mayor incidencia son, en este orden:
León, Irapuato, Celaya, Salamanca, Guanajuato; Acámbaro, Pénjamo, Silao, Salvatierra, San Miguel de Allende y Uriangato.
Claudia, María de Ángeles y Teresa de Jesús tienen cuatro factores en común: familia, atención oportuna, actitud ante la vida y fe.
“No me siento menos mujer”
La primera vez que apareció el cáncer en la vida de Claudia fue hace casi 10 años cuando a su esposo le diagnosticaron cáncer cerebral en etapa terminal: peleó por un año con cuatro meses.
Es un golpe muy fuerte el escuchar la palabra cáncer. Desafortunadamente a él por lo avanzado si falleció. Uno queda muy lastimado, pero se aprende mucho”, dijo Claudia.
“Todas tenemos una historia detrás de antes de que nos apareciera el cáncer, es un proceso y todo está en hacernos estudios a tiempo”.
La vida debe seguir, se repetía Claudia, por los hijos pero sobre todo por ella misma. A los pocos años también le detectan un cáncer pero fue benigno.
Realmente no sé decir si todos los males que siguieron después fue por la depresión, realmente no lo he investigado si una depresión lleve a generar cáncer”.
“Hasta hace dos años yo exploraba mis senos y no pasaba nada, no había secreción ni nada, ya me había hecho mi mastrografía y decía que no me pasaba nada”.
Por decisión propia pospuso por espacio de 8 meses la mastografía, mas sus hijas insistieron en que volviera a realizar sus exámenes médicos.
Para describir los resultados de los mamogramas, los médicos usan un sistema llamado Bi-Rads por sus siglas en inlgés (Breast Imaging Reporting and Data System) que tiene una categoría del 0 al 6.
Claudia tenía un diagnóstico de Birads 4:
“me explicaron que había una posible malignidad, digamos un 50 y 50; para descartar todo se necesitaba de una biopsia”.
Hacer este proceso por fuera resulta muy caro, recordó Claudia, y al ingresar al IMSS es canalizada ginecología, programan la biopsia y el resultado fue un carcinoma in situ.
Dentro de todo es una buena noticia porque es un cáncer que está encapsulado, yo le preguntaba al doctor que qué hacía y él me dio solo opciones y yo era la que tenía qué decidir”
“No quise estar en cama o débil, y acepté la mastectomía (extirpación de la glándula mamaria) aunque tenía la opción de que quitaran un cuadrante y aplicar radioterapia pero la rechacé porque no me quería ver débil y para mí fue más fácil pedir que la retiraran”.
Los doctores hablaron conmigo y me dijeron ‘Claudia, tú te vas a hacer una mutilación cuando no la necesitas´, pero ahora, yo les digo que estoy contenta de haberme hecho la mastografía y difirieron un poco el hecho de sólo tocarse para detectar algo malo; tocarse no suple un estudio, sí, hay que tocarse, pero también hacerse una mastografía”.
Claudia entendió esto en carne propia, por eso cada vez que puede lleva el mensaje de que es necesaria una mastografía.
“Pero no dejen pasar más de un año, yo lo pospuse 8 meses y afortunadamente la libré, fue a tiempo, fueron dos carcinomas muy pequeños de 2 y 8 milímetros”.
Mi decisión personal fue quitármela, estoy muy contenta, no me siento menos mujer porque he escuchado tantas historias en donde muchas mujeres deciden no quitarse su mama porque sus parejas les dicen que dejan de ser mujeres y he escuchado varias veces esa historia”.
“Yo le digo que no dejan de ser menos mujeres, yo hago mi vida normal, hago ejercicio, me gusta platicar mi historia y me gustaría que todas las mujeres pudiesen descubrirlo cuando se tienen oportunidad de elegir” concluyó Claudia.
“Yo me he encontrado a muchos ángeles”
Ma. Ángeles Guadalupe Ancira Arrona cree en su nombre, es decir, en ángeles.
Está convencida que a lo largo de este proceso ha encontrado ángeles que la han orientado y hasta regañado y gracias a ello salió adelante.
Se considera una mujer activa, no le gusta estar esperando, ni los encierros además de tomar decisiones en el momento.
Contó que primero fue al IMSS por un sangrado en la matriz y días después cuando le entregaron los resultados los llevó a la T-47, ahí Lupita, asistente de la doctora que la atiende, le dijo que aprovechando que estaba ahí se hiciera el papanicolaou. Su insistencia fue clave.
Para esto, yo ya llevaba un “hoyo” en mi seno que nunca me había detectado ni sentía molestia, nada, y ella me dijo que desde cuándo lo tenía y le dijo que nunca me lo había visto porque yo tengo un espejo que solo se me ve la cara y no me revisaba por ser una mujer muy acelerada”.
En 1998 ya había pasado por cirugía en donde le quitaron quistes benignos en el mismo seno donde traía “el hoyo”, como ella lo definió.
Fuera del IMSS le dijeron que tenía que hacerse una biopsia, solo que el precio era muy caro, lo consultó con su esposo, pero la determinación de ella era que se quería tratar en el Seguro Social.
La verdad yo me he encontrado muchos ángeles en el Seguro, le tengo mucha fe al Seguro, en la T-1 otra asistente me ayudó para que tuviera una cita porque ya no había”.
Para cuando la canalizaron a oncología, la recibió el doctor José Antonio Álvarez que le confirmó que era cáncer.
“Me dijo, te mando primero a la quimioterapia, la segunda opción es que se puede hacer otra biopsia, o la tercera la operación serían en tres días”.
Ella mencionó una cuarta: no querer ninguna de las tres opciones. Pero el doctor insistió toda vez que se trataba de una vida, finalmente aceptó.
Yo pensé ‘Si me van a mochar, porque para mí eso es, me iban a mochar, entonces dije pues de una vez’ y le pedí que me operara. Pero yo estaba en shock, llegó el día en que me iba a internar y no quería”.
Tras su operación, el 4 de octubre del 2018, Ma. de los Ángeles continuó con el apoyo de sus propios ángeles: una amiga, su sobrina y su marido.
“Mi marido no es de esos que rechaza como he escuchado que les ha pasado a otras mujeres, a mí me dijo ‘Yo te quiero, para mí tú no eres solo un seno’ y eso significa mucho para mí”.
Ella permaneció muy pocos días en cama por decisión personal, cuando regresó al IMSS, pero ahora a la clínica 55, el doctor Bueno le explicó que su cáncer había sido etapa 2 y que estuvo a tiempo su operación.
Yo me siento tan afortunada de haber conocido a todos estos ángeles, al doctor Álvarez y al doctor Bueno, a veces la gente va perdiendo la fe en el Seguro (Social), pero les digo, yo me he encontrado a todos estos ángeles, desde Lupita en Las Trojes, en la T1, los doctores que han estado conmigo”.
“Por eso les digo a las mujeres que están pasando por esto que se tomen la oportunidad de decir que sí se puede, de seguir adelante por toda la familia pero sobre todo por nosotras mismas y seguir de pie, agradecida con Dios, con mi familia y con los médicos del IMSS”.
Soy una chingona
Teresa de Jesús Alonso González, vecina de Delta 2000, está libre de cáncer después de 8 años de tratamientos y de incluso pasar varias situaciones familiares.
El 11 de septiembre del 2019 recibió su alta médica y dijo que tras todo lo vivido ella se considera una mujer de lucha.
Con todo respeto para todos, pero yo me siento una chingona, perdón por la palabra, pero así me considero y se lo digo a mi esposo porque mi cáncer me lo detecté cuando me había separado de él”.
“Cuando a mí me comentan que tengo cáncer lo tomé normal, gracias a Dios yo tuve una experiencia con una tía materna que yo cuidé, y que su cáncer se la llevó en 8 meses porque era agresivo; pero yo decía que porqué Dios permitía esto, y mi respuesta era ‘para ver lo fuerte que somos’ y me dispuse a salir adelante.
Recordó que ella si se auto exploró y sintió “una bolita” pero no sentía dolor y se quiso adelantar al diagnóstico del IMSS y se hizo una mastografía y un ultrasonido.
Ahí apareció “algo maligno”
Con esos estudios me fui con el médico familiar y me manda a medicina preventiva, solo para confirmar que había una anomalía. De ahí me dan el pase a la gineco obstetricia con el doctor Álvarez, y me dijo que para quitar toda duda me iban a hacer una biopsia”.
Para agilizar los procedimientos utilizó los servicios de otra institución médica, en ese entonces ella tenía un hijo de 5 años que siempre la impulsó a pesar de su corta edad.
“Me diagnostican cáncer en segunda etapa y me dicen que estoy a tiempo de combatirlo pero es necesario un corto completo de mi pecho. Yo volteo, veo a mi esposo y dije ‘sí, si es necesario que me lo quiten’ porque por la experiencia que pasé con mi tía dije que sí, que me lo quitaran”.
Teresa de Jesús admitió que pensó que aún sin una parte de su cuerpo ella seguía siendo la misma mujer, fueron 4 quimioterapias “rojas” y 4 “blancas” para después hacer la operación de extracción de seno.
Su recuperación fue normal, pero en ese tiempo, dijo, tenía la fe mucho más fuerte.
Yo sí me agarré con toda mi fuerza y me fe en Dios, les digo, yo estaba separada de mi esposo, y cuando me iban a operar él habló conmigo, me dijo ‘no quiero que te rías, voy a hablar en serio, no porque tengas cáncer yo te voy a botar, quiero que me perdones, que me des una segunda oportunidad, porque te quiero, porque te extraño, quiero seguir adelante contigo’ y eso fue otra demostración de que venían cosas buenas para mí”
Tras 28 sesiones de radiación Teresa de Jesús salió adelante, ahora está con su familia, su hijo que en aquel entonces tenía 5 años ahora tiene 13, y sigue siendo su motor de vida.
Bendito Dios con mi familia estamos bien, con mi esposo llevamos una bonita relación y con mi hijo sigue con un lazo especial, siempre estuve de la mano con mi familia, me acogieron, mis hermanos estaban al pendiente pero yo siempre con Dios por delante, sin agachar la cabeza, estar firme y alegre que esa es la clave porque yo decía que si me deprimía me venía para abajo, y tomé terapia psicológica que me ayudó mucho”.
Teresa de Jesús platica con otras mujeres que van a pasar su mismo proceso y las anima.
“No se mentalicen el miedo, es mejor decir que todo saldrá bien, apóyense en la familia y tener mucha fe porque esa es la clave” finalizó.