Geovanna Estefanía Dávalos Álvarez, defensora de derechos humanos, presentó una denuncia en contra de su expareja el también activista, Gustavo Lozano Guerrero, por violencia económica, sexual y psicológica.
Dávalos declaró que sufrió acoso sexual desde que era estudiante en la Universidad Iberoamericana, cuando Gustavo Lozano era su maestro.

La activista reclamó que al interior de la organización en la que velaba por los derechos humanos de la sociedad no hay congruencia, ya que incluso colectivos feministas fueron testigos de la violencia física de la que fue víctima por parte de Gustavo Lozano y estas pasaban por alto los abusos de los que eran testigos.
Geovanna fue pareja de Lozano durante cuatro años, de 2015 a 2019.
Incluso, dijo que desde los seis meses de relación ya sufría episodios de violencia, así como manipulación, pues declaró que la amenazaba diciéndole que si lo denunciaba terminaría con la organización civil.
“El silencio en este tipo de casos es cómplice, y el silencio entonces contribuye a que este tipo de personajes sigan ejerciendo violencia contra las mujeres y ejerciendo todos los mecanismos de manipulación que luego nos tienen sometidas en una relación que no queríamos estar”, dijo.
La experta en temas de la defensa de derechos humanos dijo que su intención no solo era presentar la denuncia sino también romper con la comodidad que su silencio le generaba a su expareja.
Destacó que el hecho de hacerlo público, es un tema de acceder a la justicia, que es también un estigma que no le correspondía cargar.
“La vergüenza le corresponde a él, el estigma le corresponde a él, y yo hoy lo que hago es importantísimo porque me libero de eso y le regreso el estigma”, afirmó.
La activista comentó que la sociedad ya está en un contexto de denunciar cada vez más este tipo de violencia contra las mujeres. La responsabilidad, dijo, reside que al interior de las organizaciones que buscan la defensa de los derechos humanos, ya que también existen personas que violentan y son agresores de otros.
“Él no puede andar por la vida abanderando cuanta causa existe y siendo o diciéndose o presentándose como defensor de derechos humanos en la imagen pública que tiene, y en el espacio privado ser mi agresor”, reclamó.
Geovanna lamentó el hecho de existen redes de defensa de los derechos humanos que solaparon y sabían lo que sucedía, pero aun así no había consecuencias, aunque en su momento la apoyaron, pero de todos modos fue orillada a dejar a un lado el trabajo y vocación que más le gustaba.
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