El cielo nublado evoca la tarde de la tragedia. Sin soltar su escoba, Concepción recuerda el día en que la comunidad Arandas en el municipio de Irapuato se convirtió en noticia internacional: 27 jóvenes fueron asesinados a sangre fría al interior de un anexo sin permisos para operar.
Pasaban las 6 de la tarde del primero de julio de 2020 cuando la noticia penetró en las viviendas de la comunidad que se encuentra a unos 10 kilómetros de la zona centro de la localidad. Entre las víctimas había internos y colaboradores del recinto.
“Pues se hizo un revoltijo en todo el rancho, rápido se dio cuenta uno. Toda la gente se dio cuenta. Dicen que se supo a nivel nacional, aquí todos los vecinos nos dimos cuenta de lo que pasó aquel día”, comenta mientras barre el frente de su casa.
A unas cuadras está la parroquia del Señor de Esquipulas. Justo frente al recinto religioso, Raúl aborda una motocicleta. Antes de arrancar afirma que antes del suceso la incertidumbre ya era inquilina del poblado. Un año después la situación no ha mejorado.
“Pues yo creo que ahorita en la actualidad toda la gente ha de estar atemorizada de tanta cosa que pasa, no es el único detalle que ha habido. Sigue habiendo gente que aparece muerta o que asesinan o los que dejan embolsados. Todo está a la luz”.
Menos de dos semanas después de los hechos, autoridades de los tres niveles iniciaron operativos para revisar el funcionamiento en establecimientos similares. A raíz de ello decomisaron armas en otro recinto llamado Centro de Internamiento de Alcoholismo y Drogadicción de Irapuato.
La Secretaría de Salud de Guanajuato tiene ubicados a 288 anexos en todo el estado, pero solamente 12 de ellos están regularizados.
En tanto la tragedia de aquel 10 de julio se ha convertido en huésped vitalicio de la comunidad de Arandas.
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