Diego Armando baja de la planta alta de su casa por una estructura hecha con tablas y ladrillos que funciona como puente. Este día la mortificación va más allá de la búsqueda de refugio. Las recientes inundaciones detuvieron su fuente de trabajo: las ladrilleras de Abasolo.
En su domicilio, en la comunidad Santa Cecilia, habitan diez personas. La intuición los llevó a prepararse desde el domingo. Ese día subieron algunos muebles de primera necesidad y colocaron los soportes de ladrillo para colocar las tablas que ahora sirven de paso, entre el agua y el hogar."Pues ya desde antier estuvimos subiendo. Antier dormimos acá arriba ya, amanecimos con el agua. Sí se nos mojaron camas y sillones. Pero alcanzamos a resguardar lo básico y nuestros papeles personales”, comenta Rocío, su hermana, quien va llegando de la calle.
Son la familia Gutiérrez Gutiérrez. Forman parte de las más de 7 mil 500 personas que fueron evacuadas de, aproximadamente 426 viviendas en otras tres comunidades: Estación Abasolo, Huitzatarito y La Canoa, como medida preventiva tras las fracturas del Dren Abasolo que provocaron el desastre.Mientras que los niveles de agua no alcancen el techo de la planta baja, ellos no piensan salir de su casa para refugiarse con familiares o en uno de los dos albergues que fueron habilitados y suman entre ambos alrededor de 120 lugares para todos los damnificados.“Aquí vamos a permanecer y a buscar trabajo en los alrededores”, comenta Diego Armando cuando termina de atravesar el puente improvisado que le permite cruzar sin mojarse. Sin su ladrillera en funciones solo tiene dos alternativas: albañilería o cultivos en otras comunidades.Los que no saben dónde dormirUnos 300 metros más adelante, la situación es diferente. Santiago enciende un cigarro mientras que apunta a la puerta de su casa, en donde el agua rebasa un metro de altura. No pudo sacar sus pertenencias y tampoco sabe en dónde dormir.A su lado está Clara, su esposa. No tiene otra explicación cuando se le pregunta el motivo por el que no quieren refugiarse en el albergue. Simplemente dice que no les gustaría pasar la noche en un albergue. No lo descartan, pero tampoco es la primera opción.“La noche del domingo llegó el agua. Igualmente no se puede con esto. Es una tristeza. Pero tampoco queremos irnos a uno de esos albergues, lo que estamos viendo es si nos alquilan un cuartito en la cabecera municipal para evitar irnos ahí, a los albergues. No nos gusta”, explica.Santiago también se dedica a fabricar ladrillos. Dice que en los hornos en donde él trabaja se perdieron más de 35 mil piezas. “Casi todos en el rancho es el único trabajo que tenemos. El agua sigue subiendo y mientras vamos pensando cómo le hacemos. Hay que salir adelante”.MEJZ*




