Debbie Stevens, una madre de Long Island, donó uno de sus riñones a su jefa en el 2011, luego de que esta le confesara que estaba batallando para encontrar a un donante.
Luego de la cirugía, su jefa la despidió argumentando que Debbie estaba tardando demasiado tiempo en recuperarse. Sin embargo, ella después de la donación, quedó con algunas secuelas, mismas que no le permitieron incorporarse al 100 a su trabajo.
La empleada presentó una denuncia ante la Comisión de Derechos Humanos de Nueva York, alegando que su jefa la había engañado para que le donara su órgano y después despedirla.
“Siempre le estaré agradecida por haberme dado un riñón… no tengo nada malo que decir de ella. Siempre le estaré agradecido, hizo algo maravilloso por mí”, declaró su jefa Brucia.
Sin embargo, Debbie exige su órgano de vuelta, ya que el donarlo, le provocó dolor en las piernas y problemas digestivos.
“Me siento muy traicionada. Ha sido una experiencia horrible y muy dolorosa para mí. Cogió el regalo, lo tiró al suelo y le dio una patada”, agregó.
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