Ciudad del Vaticano — En una ceremonia profundamente conmovedora, marcada por la fe y el silencio reverente, el ataúd del Papa Francisco fue sellado este viernes en la Basílica de San Pedro, en vísperas de su misa funeral. El mundo católico entero contuvo el aliento ante el cierre definitivo de una etapa histórica liderada por el primer Papa latinoamericano.
Según lo dado a conocer por el Vaticano, durante tres días, más de 250 mil personas desfilaron frente a su cuerpo tendido en capilla ardiente ante el altar de la Confesión. Vestido con una casulla roja, mitra blanca y un rosario entre las manos, Francisco reposaba en un sencillo ataúd de madera a ras del suelo, sin catafalco, cumpliendo su voluntad de humildad hasta el final.
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El cardenal camarlengo Kevin Farrell presidió la ceremonia de sellado. Dio lectura a un documento que resumía los momentos clave en la vida de Jorge Mario Bergoglio, destacando su cercanía con el pueblo, su sencillez y su amor por los más vulnerables.
Se recordó que fue un pastor “Era un pastor sencillo y popular en su arquidiócesis, que viajaba a todas partes, incluso en metro y autobús. Vivía en un piso y se preparaba su propia comida porque se sentía como una persona normal”, y que, aun siendo Pontífice, conservó siempre la esencia del hombre de a pie.

El arzobispo Diego Ravelli extendió un paño de seda blanca sobre el rostro del Papa, en un gesto de despedida íntimo y solemne. Luego, el cardenal Farrell lo roció con agua bendita y colocó dentro del ataúd una bolsa con monedas y medallas conmemorativas de su pontificado.
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Posteriormente, los encargados cerraron el ataúd de zinc, donde colocaron una cruz, su escudo papal y una placa con su nombre y duración del pontificado; luego lo sellaron con los símbolos de las principales oficinas vaticanas. Colocaron este ataúd dentro del ataúd exterior de madera, que también llevaba la cruz y el escudo de armas de Francisco.
Este ritual marca el preludio de la misa funeral que se celebrará en las próximas horas, en la que jefes de Estado, líderes religiosos y millones de fieles en todo el mundo rendirán tributo a un Papa que predicó con el ejemplo, abogó por una Iglesia cercana a los pobres y no temió romper moldes.
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RC
