En las últimas décadas, muchas ciudades mexicanas han crecido más hacia fuera que hacia dentro. Fraccionamientos en la periferia, vialidades que se alargan y servicios públicos que apenas alcanzan nuevas zonas son parte de un modelo urbano expansivo que, con el tiempo, ha demostrado ser insostenible.
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Por ejemplo, de acuerdo a ONU Hábitat, la Ciudad de México es un ejemplo elocuente: entre 1980 y 2017, su población creció 1.1% anual, pero su superficie urbana lo hizo al triple de velocidad. Este fenómeno se repite en ciudades medianas como León, donde la mancha urbana ha crecido de forma acelerada, mientras que zonas con infraestructura permanecen subutilizadas.
Las consecuencias están documentadas: mayor tráfico, largos traslados, presión sobre el agua, servicios rebasados y una huella ambiental creciente. De acuerdo a datos del estudio “América Latina y el Caribe en la mitad del camino hacia 2030” citado por El Universal, en promedio los mexicanos que usan transporte público invierten 71 minutos diarios en desplazamientos; quienes usan automóvil, 52. A ello se suma un problema creciente de vivienda abandonada: más de 6 millones de casas están deshabitadas en el país (Censo 2020).
Frente a este panorama, surge una alternativa: crecer hacia adentro. Se trata de una estrategia basada en la densificación urbana inteligente, que propone aprovechar zonas ya urbanizadas, fortalecer su infraestructura y acercar servicios esenciales a quienes ya habitan la ciudad.
Crecer hacia dentro permite ahorros significativos
Los beneficios son múltiples. Desde lo económico, reducir el crecimiento horizontal permite ahorros significativos para las familias y los gobiernos. En Ottawa, por ejemplo, los desarrollos en zonas consolidadas generan beneficios netos de más de 600 dólares por habitante cada año. Además, la cercanía con empleos, escuelas y centros de salud reduce los costos de transporte hasta en 18%.
Desde lo ambiental, concentrar el crecimiento evita el consumo de suelo agrícola, reduce emisiones de gases de efecto invernadero y fomenta el uso de transporte público y bicicleta. Ciudades densas y bien planificadas también muestran mayor interacción comunitaria y mejor calidad del espacio público.
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La apuesta por crecer hacia adentro es una forma de modernizar sin fragmentar, de regenerar sin desplazar. Una estrategia que mejora calles, barrios y calidad de vida desde el corazón mismo de la ciudad.
