No se trata de un pastizal. El pedazo de tierra agrietada, en donde dos lanchas reposan, es el primer aviso de que la sequía alcanzó a la Laguna de Yuriria que, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua, encuentra al 15 % de su capacidad.
Rosalba se acerca a la ribera del cuerpo de agua en una bicicleta. Una gorra la protege del sol que acelera el proceso de evaporación. Ella y otras personas se encargan de que el lugar se mantenga en óptimas condiciones.
“Hace como tres meses iniciamos con el grupo de voluntarios. Lo que pasa es que viene mucho turista y nos dicen que se ve muy feo. Lo que hacemos es recoger la basura y el carrizo que se va acumulando aquí en la parte seca. Para nosotros es muy preocupante lo que está pasando”.
La Laguna de Yuriria tiene una extensión de aproximadamente 80 kilómetros cuadrados. Se encuentra a casi dos horas de la capital de Guanajuato y se trata del primer vaso construido por el hombre cerca del año 1548.
El municipio, que lleva el mismo nombre, se encuentra en la lista de los 43 municipios declarados en sequía por la Conagua. La dependencia federal atribuye esta situación a la falta de precipitaciones registradas en México desde el año pasado, afectando a Guanajuato, Michoacán y Oaxaca.
Mientras toma su bicicleta, Rosalba señala hacia las bancas que se encuentran a unos metros del muelle. Asegura que en otros años los visitantes se contaban por decenas. Al menos en ese momento solo había unos 5 lugareños pasando el rato frente a la lejana laguna.
Sequía que pega en el bolsillo
A menos de 2 kilómetros de ese muelle está el centro de Yuriria. Frente al mercado público está el puesto de Don Martín, un yurirense de 74 años que vive de la pesca. Junto a él, otros cinco comerciantes de mojarra son testigos de que los estragos de la sequía salen del vaso captador.
Sin dejar de retirarle las escamas a un ejemplar que apenas mide lo mismo que la mano con que sostiene su cuchillo, Martín comparte su testimonio. Entre la contingencia sanitaria por COVID-19 y la falta de agua en la presa, su bolsillo también se está quedando seco.“De ahí nos mantenemos todos: los que pescan y los que revendemos lo que ellos sacan de la laguna. A todos nos afecta. Ya sale la mojarra muy chica. Lo que pasa es que entre menos agua, menos tienen en donde esconderse, muchas mueren muy chicas”, explica.
Dos puestos a la derecha, Octavio acomoda los pescados para la venta del día. Los más pequeños están en una cubeta que reposa en el piso, frente a la mesa; esos son los que vienen del cuerpo de agua local. Los más grandes los compra por fuera para su reventa a los pobladores.
Pues los pescados de aquí están saliendo muy chicos y están muy escasos. Ya con estos otros puedo ofrecer otro tipo de pescado a mis clientes. Sí se está poniendo muy canijo esto de la sequía, parece que cada vez se pone peor”.
Datos que fueron proporcionados por el gobierno municipal de Yuriria, reflejan que, al menos, 700 familias se mantienen de la pesca, lo que la convierte en la principal actividad económica. Las lanchas varadas y la escasez de mojarras reflejan la magnitud del problema.
MEJZ*
