Guanajuato, Guanajuato - En medio de la rutina de uno de los centros penitenciarios femeniles de la entidad, apareció el color con el festejo del primer años de vida del hijo de una reclusa.
Un dinosaurio verde, una piñata, pastel, globos y carteles con letras grandes que decían a alguien por primera vez 'Feliz cumpleaños'.Suscríbete a nuestro canal de WhatsApp y recibe las últimas noticias directamente en tu celular
Por unas horas, la disciplina convivió con la ternura: un bebé celebró su primer año de vida acompañado de su madre y su abuela, ambas privadas de la libertad, quienes agradecieron profundamente haber compartido ese instante irrepetible.
Al festejo también se sumaron familiares, lo que hizo aún más emotivo y entrañable el momento.Te puede interesar: ¡Guanajuato hace historia! Marcha LGBTI+ llena de color los centros penitenciarios
“Llevo un año recluida en este penal, llegué embarazada de siete meses, hace un año tuve a mi bebé”, contó la madre.
Se le festejó su cumpleaños y la verdad fue todo inesperado, porque fue una fiesta que no me esperaba ni yo… pero me gustó, me gustó mucho porque mi hijo empieza a conocer cosas fuera de lo que él ha conocido en este año que llevamos aquí”. “Está chiquito y todo, pero ya empieza a distinguir cosas… hoy la fiesta fue como de sorprenderse de varias cosas nuevas”, dijo la madre, con emoción contenida.
“Me sentí muy contenta y creo que él también, porque lo disfrutó mucho. Doy muchas gracias a todo el personal, de todo corazón, por esta oportunidad”, señaló.
No estaba sola, la abuela del niño también participó del festejo. Con emoción por lo vivido, reconoció que ese momento fue mucho más de lo que imaginaron.
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Pensamos que solo habría un pastelito, pero no. Se nos hizo muy bonito. Doy las gracias a la directora y a su equipo de trabajo, nos da gusto ver tantos eventos que hoy porque nos hace salir del entorno en que estamos… nos sirve a todas las que estamos aquí recluidas. Muchísimas gracias”.
Este tipo de acciones forman parte de una visión de seguridad y paz centrada en las personas, con el compromiso de garantizar los derechos de niñas y niños que viven con sus madres privadas de la libertad.
Se trata de pequeñas ventanas de cariño que dan sentido a la espera, reconstruyen afectos y sostienen la posibilidad de un nuevo comienzo.MEJZ*
