Estrés, ansiedad, dolores de cabeza y ojos llorosos, además de pérdida de interés en el estudio, son algunos de los síntomas que ha provocado la educación a distancia entre estudiantes y maestros.
Fue el 17 de marzo cuando más de un millón 285 mil 490 estudiantes de los tres niveles básicos de educación en Guanajuato comenzaron un sistema de aprendizaje completamente nuevo: la educación a distancia.
Este sistema iba a permanecer hasta el 20 de abril, pero debido a que los casos de COVID-19 incrementaron, las autoridades sanitarias y educativas del estado decidieron extender el sistema que tiempo después llamarían ‘Aprende en casa’.
Han pasado cuatro meses y el sociólogo Marco Durán Espinosa señaló que pese a que la educación a distancia representó ventajas, también hay efectos contrarios tanto en los estudiantes y maestros como en la propia familia.
“Con los cambios en los modelos de educación se enfrentaron a nuevas tareas tanto el sector educativo como los padres de familia. Ser los pioneros en un esquema de estas características resultó agradable para todos porque, repito, nunca se habían realizado”.
“Pero con el paso del tiempo es comprensible que toda innovación resulte cansada, algunos alumnos y docentes registraron incluso un rechazo mental que se reflejaba en falta de atención durante el momento de estar frente a la pantalla, algunos sufrieron dolor de cabeza y presentaban enrojecimiento de los ojos por la exposición a más de tres horas frente a un monitor, había estrés porque generalmente los papás obligaban a los niños a hacer todas las actividades de corrido y no había momento de descanso”.
El especialista dijo que ha consultado con maestros sobre el tema de educación a distancia y la mayoría coincidió en que, si bien el sistema es efectivo ante la pandemia y la imposibilidad de hacerlo de manera presencia, también quita el vínculo que hay entre maestro-alumno.
“Definitivamente no es lo mismo tener a los niños detrás de una pantalla que en el salón para resolver las dudas, ya que además de clases presenciales se da la convivencia en el salón; es en la escuela en donde las personas van forjando las verdaderas amistades que perduran por años”.
“Tampoco para los estudiantes es fácil porque no escuchan los consejos del maestro, cuántas veces no hemos oído historias de niños que apagan la cámara o ponen otra imagen de pantalla para que el maestro no los vea y se va perdiendo ese vínculo entre educador y educando”, agregó Durán Espinosa.
También afecta el vínculo entre los propios docenes al enfocarse cada quien en resolver la manera en la que impartirán sus respectivas clases.
“La relación entre los maestros se ve afectada porque ya no hay ese momento de acercamiento para el intercambio de experiencias, el trabajo en equipo, para que vayan aprendiendo en conjunto, definitivamente no es lo mismo”.
“No quiero parecer una persona negativa, pero todo este sistema o modelo educativo estuvo atacado de una manera inadecuada, se pudo improvisar al momento, pero después de tantos meses es necesario revalorar los esquemas, adecuarlos, tomar en cuenta las experiencias de estudiantes y alumnos y ser comprensibles ante los cambios que se ameritan”, concluyó el sociólogo.
MEJZ*